Adjunto otros poemas que escribí el verano pasado. La fotografía es de Monia Merlo, a través de Cultura Inquieta.

POR LA VENTANA
Hoy he visto pájaros
dentro del sol
Azules ribetes entre
palmeras
Niños escalando paredes
a contraluz
Gatos alados, flores
calientes
Tripas de periódico
En lenta
descomposición.
Han rebotado en mis
ojos sin eco.
Los he devuelto secos,
fríos, roncos
Desnudos de
pensamiento.
¿Saben ellos que ya no viven en mí?
TIEMPO DE ORDENAR
Frascos atrapados en la
despensa
No hay tiempo de
ordenar.
Un leve cambio, un
parpadeo,
un aleteo del mirar
quedó en suspenso y fue
tarde.
Tarde, tarde, lento,
suave
Suave cae el azúcar del
estante
Lento el espejo gira al
compás
Los muebles bailan,
pizpiretos,
Un fandango, y
tranquilo, tranquilo,
El desorden se
precipita
Alegre, voluminoso,
descarado,
Tomándose su tiempo
Robándolo sin
preguntar.
DESEO NOCTURNO
Rómpete el cuello
Extrae la cabeza
Ponla sobre mis manos
Y yo le sacaré los ojos
Te los regalo,
guárdalos para otro
Colocaré en cada cuenca
Un beso de buenas
noches
Y una luna dormida.
En la oscuridad
El cielo no llora
Las nubes invisibles
Aparecen ante el sol
Del nuevo día.
ARREGLOS NATURALES
Hacía
tiempo que no me tumbaba al sol,
no
es costumbre de gente ocupada.
No
escuchar un solo grito
parecía
delito susceptible de tortura,
cómo
robarle al tiempo
una
paz a contracorriente.
La
hierba se mezclaba conmigo
sin
pedir referencias
con
la naturalidad de lo eterno conocido.
Crujía
seca la zarzamora
por
el tránsito de pequeños monstruos
sobre
mis carreteras de carne y hueso
recogiendo
melaza, espliego y hierbabuena,
restos
de polen, musgo, esporas flotantes.
Oscuras
nubes aladas
succión
múltiple, milimétrica.
Una
libélula por cada lágrima,
un
trompetero por cada herida,
un
ruiseñor por cada recuerdo.
La
naturaleza cumple sus tratados
sin
escatimar en bellos recursos.
Lento
deambular por los túneles del cuerpo
en
busca del último espectáculo.
Un
eco, una mínima resistencia,
calor
desprendido de una mueca.
Si
la vida no era más que un vestido
roto
por el dobladillo,
la
muerte esa larva que se colaba,
cosquillera,
por el agujero.
Y el
sol vestía de luto dorado
sin
abandonar la casa de los vientos.
Algo
se oía al cerrar los ojos:
La
reverberación de un pasado nómada
en
las profundidades de la tierra.
LIBROS VOLADORES
Sal,
vamos, niña, muévete y sal.
No
me sales que me seco, papá.
Tira
los pazos de Ulloa, quema a Espronceda.
Vandálico,
hereje, ¿qué blasfemas?
Hazte
silvestre, llénate de caminos.
Cae
el pedrisco en tus ojos, papá,
déjame
peinarte los recuerdos, hoy saben
a
plumines, regalices y sotanas.
¿Era
una serpiente el signo de interrogación?
¿Un
fruncido paréntesis tu sonrisa?
Recuerdo,
y no te enfades,
no
es por cambiar de tema,
cuando
sumabas de cinco en cinco
mis
dedos montados tuyos
tus
dedos montados míos
tortuosas
uñas valkirias
que
invaden los cimientos, papá.
Somos
irracionales, nada nos pertenece
ni
un solo verbo ni setenta primaveras,
¿quién
inventó el cálculo, los sumerios?
Nena,
aquel trueno sobre nuestras cabezas
es
más valioso que este sofá,
hay
un Ladón en la biblioteca
que
alimenté con bellos poemas,
canciones
de cartón, fósiles opalescentes
tu
mirada oscura en mis gafas
en
las tuyas mi aliento, mi deseo
de
verte con oxígeno en el cuerpo,
y
sangre en todos tus proyectos,
no
te hagas más vieja que yo.
Papá,
no hay en tu voz de marinero
ningún
butrón ni falsa alarma
y te
tomo muy en serio, pero mira,
¿te
fijaste en mis ojos aquí, sobre tu hombro?
Se
han sumergido en viejas leyendas,
lecciones
de sintaxis y contraculturas,
partidas
de naipes, entre dolores anda el juego,
guitarras
blancas de tiza, evaluaciones y tratados
de
lenguas vivas, muertas, zombies, proscritas,
de
tantas clases impartidas y yo contigo,
sin
tocar el suelo, al lado de alumnos y no molinos,
tu
mini yo royendo pipas sobre el pupitre
o
sobre Góngora escupiendo a Quevedo
y
ellos a lo suyo y tú muy serio y yo me reía
del
dorado siglo y sus poetas troposféricos
vivos
todavía para seguir insultándose
al
inicio de cada curso sin darse cuenta
de
que ya te has jubilado y se quedaron mudos,
de
tanta bronca, en un estante.
Cabeza
de humo, no me retes otra vez
a
zafarrancho de combate
por
decirte que es un poco tarde
para
ser gaviotas o estelas en el mar,
yo
aspiro a tordo comepoco y vuelabajo
que
devora tu terraza de letras bajo el cielo raso
nuestra
compartida y deliciosa aurora de papel.
GATITO PELIRROJO
No
me hieres, gatito.
Tu
colmillo en la arteria,
Muerde,
bebe, cólmate.
Hoy
me han escrito
En
una agenda de piel
Que
no sienta lo inútil.
Claro,
entonces una piensa
Que
inútil son muchas cosas
Y
todo lo sentido por ellas
No
sirve, tampoco.
Inútil
es el pasado, la mentira,
La
insubordinación.
Ese
pequeño molusco
Que
escondes bajo tus garras
La
soledad y el mal tiempo
Los
billetes a ninguna parte
Volar
en círculos, añorar,
Comer
arena, querer ser libre,
Dormir
de día, trasnochar
Todos
los búhos, inútiles
Todos
los buitres, inútiles
Todos
los trenes, inútiles
Mi
sangre es útil para pintar
Para
pintar tu bigote, no huyas
Con
la brocha de tu cola rayada
Huellas
rojas sobre el parqué
¿lo
notará alguien al entrar?
Dejemos
que entren hacia atrás
Y
creerán que las huellas
Aparecen
al caminar,
Dime,
pues, qué resulta útil
En
un universo inútil
Nanosegundos
de silencio
Escondidos
en el teléfono
Neuronas
hibernando
Tras
la última nevada
¿Es
útil el tiempo?
¿Es
útil la mente?
¿Comer
jalapeños,
Viajar
en monopatín?
Madrugar
sin haber dormido
Dormir
para trasnochar después
No
importa, no vale.
No
huele el monóxido de carbono.
No
piensa la cabeza guillotinada.
No
siente lo inútil la ceniza,
El
cemento, los cipreses.
La
vida es sueño, y el sueño
Es
un mendigo, el mendigo,
Un
deseo, y el deseo
Un
futuro, el futuro
Un
futuro pasado
Y el
pasado, tan inútil,
Arrugado
se quema lentamente
En
tu boca de fiera salvaje.
No
temas, gatito, sé bueno,
Sé
tú mismo, cázame pronto
Ahora
que estamos solos
Tú
eres tan útil para mí
Que
voy a apuntarte
En
la agenda de mi piel.
Una
sima profunda
Un
río de aguas ferruginosas
Y tú
saltando por encima
Vestido
con mi cuerpo
A
tientas escapas por la ventana.
Ya
eres una canica roja
Un
punto de luz filosa
Una
aguja que pasa por las estrellas
Y
borda un nombre, una voz,
Unos
ojos quasi planetarios
Sonrisas
atrapadas en una nebulosa.
Has
cosido mi pasado
muy
adentro en tu universo
pero
dime si te acuerdas
¿eres
tú quien eras
o
eres yo que ya no soy?
No
maúlles, no siento nada
todo
era demasiado inútil.
EL GEMIDO
¿Has oído eso, como un
gemido?
Puede ser el niño en su
habitación
Es él, no hay duda, es
eso él, ¿verdad?
Indefenso y aletargado,
una bolita de miedo
Tan lejos ahora, tan
lejos
Pero ten cuidado no
vaya a ser
Cualquier otra presa en
la jungla nocturna
Más allá de la
autopista, un dragón
Una alcantarilla
bulliciosa
El teléfono descolgado
del puente rojo
Gritos de un borracho y
medio
Medio farola, medio
vómito
Medio loco, medio ratón
El ronquido del camión
de la basura
Sorbiendo
royendo
moliendo, maloliendo
me ha parecido, sí, que
tragaba
se come nuestra mitad
se come el tiempo
tiene el tiempo
nocturno
forma de cáscara de
huevo
de fruta podrida,
pañales infectos
segundos atrizados
chorrean las huellas
del pasado
no hay contáiner que
las contenga
son las migas de pan en
la acera
esos fallos del
minutero
siempre retardando,
retardando
pero se va el día de
ayer
sobre ocho ruedas y se
olvida
de dejarnos en
silencio, hay algo más
coloca la persiana
sobre el oído
sí, algo diferente,
atiende, tiéndete
vertical sobre la pared
de papel pinocho
el hipo de un coche de
policía
y el perseguido,
¿ladrón o asesino?
Que respira hondo, aprieta
el paso, aprieta el fardo
Y el corazón
El corazón late a
presión
Un paso más, un minuto
menos
Un poco de aire fresco,
contra la pared
¿a qué sabe el último
soplo de libertad?
Manos arriba, a prisión
Esa última mirada al
horizonte huele
A llaves, grilletes,
papeleo
Sangre en el labio
Lo tenemos
Es nuestro
Ese fardo
No es tuyo
Según lo que haya dentro
Él nos posee también
Todo depende
¿de qué depende mi
condena?
De que fueras andando
Si hubieras ido en
coche, tal vez en avión
Tal vez, depende, es
complicado
Si tú estás abajo y
nosotros arriba
O tú arriba y nosotros
abajo
Esa chaqueta lo dice
todo
Te complicaste la vida
Nos complicaste el
trabajo
Todo, todo tan confuso
¿No será aquel sonido
un chasquear de lenguas?
Un no dar con él, un lo
hemos perdido
Otro criminal sin
condecoraciones en la calle
Sin foto en blanco y
negro
Sin documental con
nombre propio
Un maldecir y destrozar
a puntapiés el guardabarros
Vamos, a la central
Pulular a tientas la
oscuridad
Entonces será, ¿qué
será?
Rodar de las aves en
sus nidos de plástico
En la cornisa, a veinte
metros del suelo
Picos cerrados al fin
¿con qué sueñan los
pájaros?
Con alturas de
escándalo
Cometas de color,
suspiros de niebla
O quizá me equivoque, o
no, o tú qué piensas
Una cañería
desabotonada que chorrea
Insultos, bofetones,
contrarréplicas
Quizá la lluvia cuando
está por caer
Y envía saludos en forma
de viento
El viento canta sus
acordes muy fino,
Elevado, con voz de
cristal
Mientras su público,
despavorido,
Abandona la ópera
Se esconde entre las
butacas
O finge estar
interesado mientras busca
Con disimulo en el
bolso un paraguas
Compradlo, rápido, que
no os moje
Demasiado, está claro,
son pasos,
Son portales que se
cierran
Coches que derrapan
sobre el asfalto
Está empapado, el
asfalto,
Es un río, una charca,
un glaciar
Es un ente vivo que
crece al beber
Después de medianoche
Y remueve su contenido
Como las paredes del
estómago
Creo que he oído del
niño
Un lamento en la
habitación
Ahora es mi estómago
Que se remueve
Pliego la noche y la
dejo
En la mesilla, no la
toques
No la enciendas
No importa ya nada
No recuerdo qué escuché
Si fue un disparo, una explosión
Una pelea o un incendio
en la cocina
Es el niño que me pide
Que no pase nada
Quiere sólo una noche
calmada
Y en compañía.
LA SOPA
La sopa se desborda
Justo hoy que ya no
queda
Se derrama deliciosa
por la encimera
Se disipa, fundida,
Se vuelca a sí misma
bulle lánguida como una
lengua
no la piséis, que le
duele
si no alcanza su
destino
en el azulejo más bajo
del piso
habrá perdido para
siempre
la oportunidad de
realizarse
en el casi hueco
cristalino charco de
sal.
EL OCÉANO DENTRO DE UN FAROLILLO
I
Océano a través,
desnuda de palabras,
Me precipito dejando
mil dudas
Temblorosas, grisáceas
y arrugadas
En las orillas del
delta, buscando
Nuevo huésped, que no
atraparán
En los verdes campos de
arroz.
La fauna salvaje no se
pregunta,
Tampoco las plantas, el
cielo,
La arena del mar. Dudas
a merced del viento
Y al tiempo que dragan
el río,
Yo me vuelvo agua, con
el azul marino
A cuestas,
Y me dejo llevar,
cantarina,
Por la corriente.
Sigo viva en forma de
holograma o imagen sin editar,
Por si alguien
pregunta,
Sabiéndome un recuerdo
arrastrado hacia el olvido
En la playa de las
conchas vacías
Y los naufragios
ignotos.
Me confundo con los
bancos de peces cirujano
Que duermen mientras
bailan,
Bailan mientras comen,
Comen y producen
círculos azules,
Beben círculos púrpuras,
Ofrecen al fondo abisal
señales de guerra,
Pero yo no busco
complicaciones.
Pareciera que alguien
nos dijo tantas cosas
Allá en la superficie,
a lo seco,
¿o eran avisos?
¿chismorreos?
Eso fue hace tiempo,
lejos, muy lejos del mar y quería venir aquí,
Y me he liberado, pero…liberarse…¿por
cuánto tiempo?
II
No escuchábamos por
aquel entonces, enrollados, embalados
Y dispuestos a
enviarnos el uno al otro.
En la calle cantaban
los pájaros a cuatro tiempos
Y veíamos las montañas
enrojecer
Sobre la cima donde nos
encontraban colgados de una esquirla
Cuando el autobús ponía
rumbo a las estrellas
Y no había parada
última pero ya se sabe,
El olvido las destruye
también a ellas,
Las montañas, afiladas
lanzas de cobre
Con destino al fondo
del mar.
Hay quien infligirá
unos pellizcos de sentido común con una sonrisa
Y te mirará de arriba abajo
al girarte.
Ya me sabía la lección
del Sentido Común,
La dimos en clase.
Imaginad que el sentido
común es un río,
Y no me digáis que no
es posible
Y por qué no elegimos
un animal, una casa,
Un deporte.
La cara de mi señorita
bastaba.
Aquella maestra surgía
todas las mañanas de la tarima
Como un dios encarnado
y poseía las divinas tablas
Del conocimiento, una
en cada mano,
La de letras, la de
ciencias.
Nada fuera de control.
Lo sabía todo o lo
fingía. Nosotros jamás.
III
Y volviendo al río, es
importante saber:
1 En el río del Sentido Común todos nos bañamos.
2 Si baja rápido, has de seguirle el ritmo sin cometer errores
O acabaras
sin trabajo, sin pareja, sin hijos,
Serás
el ayer, con la serpiente enrollada el cuello
Y te
verás como un escarabajo
Haciendo
su ronda de alcantarilla.
Sorbe,
engulle, disfruta, un poco más,
Prueba
todos los sabores…cheers!
3 Otras veces, el río se estancará y exploraremos
Nuevos
territorios, y no sabremos
Si volveremos
o no.
Un
harakiri, malaria, siniestro de avión,
El amor
de tu vida, un hogar con jardín
Para
ver cómo lo derrumban, materiales
De muy
baja calidad
Por un
sismo, un volcán, un ataque terrorista.
Niños
tomando el sol, ayudar a uno, un euro al día.
Mejor
un proyecto para imaginar lo imposible.
Trabajar
en grupo, no desfallecer, hay una cámara,
Ser fraternales
en la escuela y trolls al saltar la verja.
En
un viaje le dije al gigantesco y doradísimo Buda
Lo siguiente:
Si el río está seco, camino por la orilla.
Si el río va muy rápido, me ahoga.
Si se estanca, me embarro y no avanzo.
Si discurre lento, saboreo los pequeños placeres, pero tengo
tiempo
De preguntarme
Qué hago
Bañándome
Los pies
A diario
Y Buda se acercó
enfadado,
Desenrollando las
piernas
Como un transformer
Y me atreví a
escucharle,
Sabiendo que tenía un
pai-pai de oro
En la mano derecha.
-
Ten cuidado y reflexiona tus palabras como si se fueran a
cumplir.
Cuando el Ganges se
secó aquel año
Cogí una maleta y
regresé a casa.
IV
Mientras tanto, ya en
casa,
Los pájaros huyen si me
acerco demasiado.
Me alcanza, malherida,
la cola de una avioneta
Que recorta distancia y
parece ligera
Pero me aparto, salgo a
la terraza,
Tengo el teléfono a
mano, por si cae,
Por si puedo llamar a
urgencias
Mientras capto la foto,
Exclusiva del National
Geographic,
Torcida y borrosa, más
auténtica.
Mira cómo se tambalea,
lo sabía,
Las avionetas tienden a
chocar,
Como los pájaros de
gran envergadura,
Las avionetas, tan
emocionales en el cine,
No saben que sus
pasajeros
Dormitaron
Vomitaron
Escribieron nombres
propios
Bajo los asientos y
escupieron
¡pegaron un chicle
rosado!
¡un cristal de
recuerdo!
Es importante leer
cuidadosamente el mensaje
Que nos envía su estela
De humo blanco roto con
forma de botella
Nunca lo consigo porque
se me da mejor
El negro-gris color
cielo.
La traducción de gases
debería ser
Materia obligatoria en
las escuelas.
V
Ya partieron los
aviones
Y las montañas
Y las estrellas
Y todo aquello que era
infinito.
Ahora la concreción me
mata despacio.
Podría definirme como
el espejo en lo oscuro,
La mancha perdida del
sol.
Cuando la luna presume
de luminosidad,
Borra mis huellas,
empalidece, se vuelve joven,
Taconea mostrando
zapatos planos,
Se viste de negro y
blanco, jubilosa,
Se viste de Audrey
Hepburn, pero no fuma,
Sólo sabe descansar en el
mar
Posando para algún
pintor minimalista.
Como la luna, soy una
redonda pizarra
El hueco entre dos
paredes de hielo
He dicho tantas veces
aquí mismo,
Cenando violines color
cereza y miel,
Que no me hieren los
rumores
Para acercarme a ti,
para tocarte,
Y arrastrar conmigo el
mundo plano
Llevándomelo quejoso y
vocinglero
Revoltoso, animal, mal
adherido
A una punta del vestido
Por si me arrepiento
después.
Escucha la noche por
encima
Del susurro fantasmal
de las lechuzas,
El agudo xilófono del
grillo,
El serrucho de las
ranas.
Sólo la pausada
descomposición
De la tierra, el sigilo
de los depredadores,
La vigilia de las
presas, los suspiros
De cuanto hiberna
Y toda esa quietud
De fondo
Es el cosmos hablándote
al oído.
No importa dónde estés,
cómo te encuentres,
Cuál es tu ciudad, o
tus deseos,
Si te hiciste viejo, o
has acabado de nacer.
No importa si sabes
escuchar la verdad
Palpitando en la bóveda
desierta.
Es un no rotundo, un
desbrozar ruidos,
Separar capas de
Photoshop.
VI
La noche enciende
manadas de faroles
Y una luz etérea, sobre
las torres eléctricas,
Parece tener compañía
entre cigarras
Y mariposas
Luciérnagas que la
disputan
Y murciélagos que se
las comen.
No le importa al
farolillo ser luz
Y no cuerpo, cuerpo de
luz.
Es un objeto del que aprender
Del que ciego sales aun
cuando despiertas
Y alguien te ofrece unas
gotas de colirio,
Pues la luz ha
penetrado tus párpados,
Los inunda de color. Un
hecho irreversible.
En el suelo ni un
cadáver de mosca,
Todos allá arriba
perecen y oscurecen el cristal
Como una piruleta de
naranja y cola.
El farolillo no siente
nostalgia, no recuerda ni recuenta,
No sabe de fallecidos,
grados luminosos,
Facturas municipales.
Sólo se enfada cuando
lo rompen y no funciona.
Le sigo, me enseña, y
pegada al gélido palo
Miro hacia arriba y se
ha hecho de día.
Tampoco se despide la
luz, he de aprender
Cómo consigue tener ese
cuerpo sin nostalgia,
Qué dieta milagrosa,
qué malabarismo esteticista
Le permite extraer la
tristeza e irradiarla en los demás.
Se me acaba de ocurrir,
rápido, que no me alcance
La muerte en el océano,
En el cielo blanco-gris
de negro azul,
En el farol bajo la
avioneta bajo las estrellas.
He de recordar, he de
repetir, y por tanto,
Escribo en el dorso de
una mano,
Por fortuna tengo
cuatro hojas,
que mi próximo objetivo
será descubrir sin
falta y por primera vez
cómo son las despedidas
para los cipreses
en el soporífero
cementerio.
¿Sabrán a silicio de
Silicon Valley?
¿Tendrán los esqueletos
mucho más pelo que antes?
¿Cabrán éstos en el
nicho si va aumentando
La estatura media?
¿Se preocuparán todavía
las arboredas
De mantener el
silencio?
¿O la rectitud en el
comportamiento?
¿Será que no tienen
utilidad alguna
Y por eso viven entre
los muertos?
Los pobres cipreses no
se libran
De las obligaciones. Ni
aún lloviendo piñas.