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domingo, 1 de noviembre de 2015

Sobre una visión artística de la locura

Más allá de las necesidades de medicalización, de terapia o de apoyo familiar y social para la correcta integración, hay una parte del estado mental desequilibrado, desajustado, que puede constituir al beneficio de la comunidad. La asociación de locura con creatividad hace referencia a ese desajuste con el resto, de forma que el aislamiento produce una visión periférica y los efectos cerebrales también pueden inducir a ver las cosas de forma radicalmente distinta. Esto puede generar nuevas ideas que lleven aparejado el progreso científico, tecnológico y humanístico. Veamos algunas cosas que los mismos artistas han dicho de sus propias locuras. Un homenaje a ella misma.

Anna Sobieski


Poema “Los locos”, de Roque Dalton García


A los locos no nos quedan bien los nombres.

Los demás seres
llevan sus nombres como vestidos nuevos,
los balbucean al fundar amigos,
los hacen imprimir en tarjetitas blancas
que luego van de mano en mano
con la alegría de las cosas simples.

Y qué alegría muestran los Alfredos, los Antonios,
los pobres Juanes y los taciturnos Sergios,
los Alejandros con olor a mar!

Todos extienden, desde la misma garganta con que cantan
sus nombres envidiables como banderas bélicas,
tus nombres que se quedan en la tierra sonando
aunque ellos con sus huesos se vayan a la sombra.

Pero los locos, ay señor, los locos
que de tanto olvidar nos asfixiamos,
los pobres locos que hasta la risa confundimos
y a quienes la alegría se nos llena de lágrimas,
cómo vamos a andar con los nombres a rastras,
cuidándolos,
puliéndolos como mínimos animales de plata,
viendo con estos ojos que ni el sueño somete
que no se pierdan entre el polvo que nos halaga y odia?

Los locos no podemos anhelar que nos nombren
pero también lo olvidaremos
…






Aforismos

En el amor siempre hay algo de locura, mas en la locura siempre hay algo de razón.
Friedrich Nietzsche (1844-1900) Filosofo alemán.

La verdadera locura quizá no sea otra cosa que la sabiduría misma que, cansada de descubrir las vergüenzas del mundo, ha tomado la inteligente resolución de volverse loca.
Heinrich Heine (1797-1856) Poeta alemán.

Me volví loco, con largos intervalos de horrible cordura.
Edgar Allan Poe (1809-1849) Escritor estadounidense.

Alguna gente no enloquece nunca. Qué vida verdaderamente horrible deben tener.
Charles Bukowski (1920-1994) Escritor estadounidense.

Cuando un loco parece completamente sensato, es ya el momento de ponerle la camisa de fuerza.
Edgar Allan Poe (1809-1849) Escritor estadounidense.

Loco no es el que ha perdido la razón, sino el que lo ha perdido todo, todo, menos la razón.
Gilbert Keith Chesterton (1874-1936) Escritor británico.

El amor y la locura son los motores que hacen andar la vida.
Marguerite Yourcenar (1903-1987) Escritora francesa.

El loco no puede reincorporarse a la realidad, está permanentemente viviendo su fantasía.
Carlos Castilla del Pino (1922-?) Psiquiatra y escritor español.

La locura, la verdadera locura, nos está haciendo mucha falta, a ver si nos cura de esta peste del sentido común que nos tiene a cada uno ahogado el propio.
Miguel de Unamuno (1864-1936) Filósofo y escritor español.

Si el loco persistiera en su locura, se volvería sabio.
William Blake (1757-1827) Poeta y pintor inglés.




Canciones sobre la locura en sus diferentes formas
Canciones

It’s a perfect day (Lou Reed)




Paranoid – Black Sabbath







Hotel California – The Eagles





Balada para un loco – Astor Piazzola





Can I play with madness – Iron Maiden





Loco – Calamaro





Locura transitoria – Extremoduro






Basket Case – Green Day








This maniac’s in love with you – Alice Cooper








Poetas de nueva generación

En esta década se ha producido una corriente de jóvenes poetas que han generado nuevas vías de expresión basadas en un romanticismo cibernético que, de alguna forma, compartían, inspirándose mutuamente. No les importó incluir la locura como una de sus banderas y se halla en muchos de sus poemas. También influencias como las de Rimbaud, Sylvia Plath o Virginia Woolf los ha hecho empatizar con el lado creativo de la mente turbada. Aquí la larga lista de la serie "Tenían veinte años y estaban locos" (ya de paso, aprovecho para darlos a conocer, porque valen mucho la pena):



1998
Alba Macías (España)
Xavier Sirés (España)
1997
Rosa Berbel (España)
Marías Fleischmann (Chile)
Rocío Torres (España)
Paola Valencia (Venezuela)
1996
Ángela Varela (España)
1995
Sandra Martínez (España)
Catalina Stanislav (Rumanía)
Alexandra Espinosa (Colombia)
Carlos Catena (España)
Myriam Seda (España)
Roberto Valdivia (Perú)
Josué R. Hipolo (Perú)

                                                                                                                     


1994
Julio Fontán (España)
Agostina Ciccone (Argentina)
Ana Martínez Bautista (España)
Belén Benito (España)
Leonor Saro García (España)

Óscar García Sierra (España)
Martín Rangel (México)
Henar Bengale (España)
Daniela Prado (Colombia)
Juan Romero Vinueza (Ecuador)
Pamela Rahn (Venezuela)
1993
Nick DAndrea (EEUU)
Cody Troyan (EEUU)
Marcos Ortiz Andrino (España)
Kevin Castro (Perú)
James Duncan (Australia)
María Mínguez Lamanuzzi (España)
Vlad Pojoga (Rumanía)
Yasmín C. Moreno (España)
Patricia Úbeda Sánchez (España)
Enrique Zamorano (España)
Crhistian Bafomec (Perú)
Jesús Montoya (Venezuela)
Daniela Rey Serrata (México)
Clyo Mendoza (México)
Daniela Gaitan (Colombia)
1992
Jordan Castro (EEUU)
Odile L’Autremonde (España)
Miguel Rual (España)
Nerea Crespo (España)
Andrea Miguélez (España)
Caterina Scicchitano (Argentina)
Augusto Sonrics (México)
Alonso Ruiz (México)
Paola Llamas Dinero (México)
Jesús Carmona-Robles (México)
Genkidama Ñu (México)
1991
Enrique Morales (España)
Emily Roberts (España)
Ángel de la Torre (España)

Marcos Rivas (España)
Jorge Brunete Gil (España)
Judit R. (España)
Amy Blakemore (Reino Unido)
Laura B. (España)
María Schmettering (España)
Diva Gutiérrez Medina (España)
Carlota Moseguí (España)
Job Pons (España)
Cristian Piné (España)
Juan Fernández Rivero (España)
Román Villalobos (México)
Juan Manuel Zermeño Posadas (México)

1990
Ernesto Castro (España)
David Fishkind (EEUU)
Álvaro Guijarro (España)
Marta Echaves (España)
Samuel Yebra (España)
María M. Bautista (España)
Ruth Llana (España)
Annie Katchinska (Reino Unido)
Javier Ventura Mullor (España)
Kat Dixon (EEUU)
Miguel Retana (España)
Javier Montoro (España)
Cristian Alcaraz (España)
Eba Reiro (España)

David Meza (México)
Sofía Lino (Argentina)
Frances Dinger (EEUU)
Diego Álvarez Miguel (España)
Naira Perdu Molina (España)
Manuel Pujante (España)
Edgar Campos (España)
Lieke Marsman (Holanda)
Ana Castro (España)
Arturo Sánchez (España)
Alejandro Cinque (España)





Yu Youyou (China)
Maximiliano Andrade (Chile)

Oriette D’Angelo (Venezuela)
Patricia Lino (Portugal)
Pablo Piceno (Alemania / México)
Julio Mejía III (México)
1989
Ellen Kennedy (EEUU)
Sara R. Gallardo (España)
Alberto Guirao (España)
Jake Fournier (EEUU)
Alex Reig (España)
Rafael Banegas (España)
Marga López Morales (España)
Raquel M. Soto (España)

Diego Morgan (Argentina)
Marina Ramón-Borja (España)
Julio Fuertes Tarín (España)
Stacey Teague (Nueva Zelanda)
Jacob Steinberg (EEUU)
Omar De Col (Reino Unido)
Sophie Collins (Reino Unido)
Lucas Ruppel (Argentina)
Davo Valdés (México)
Isandro Ojeda (España)
Raúl Allain (Perú)
Al-Amin Emran (Francia)

Harry Burke (Reino Unido)
Misael Hernández Paz (Guatemala)
Malén Denis (Argentina)
Vicente Monroy (España)
Aleida Belem Salazar (México)
Olga Carrizales (México)
1988
David Leo García (España)
Berta García Faet (España)
Laura Rosal (España)
Adriana Bañares (España)

Patricia Maestro (España)
Carlota Fuentevilla (España)
Madison Langston (EEUU)
Zuilma Villela (México)
Dante García (México)
Katja Perat (Eslovenia)
1987
Raúl E. Narbón (España)
Alberto Acerete (España)
María Simó (España)
Richard Chiem (EEUU)
Javier Gato (España)
Steve Roggenbuck (EEUU)
Héctor Juanatey (España)
Francisco José Najarro (España)

Magdalena Camargo Lemieszek (Panamá)
Zachary Whalen (Canadá)
Rocío Álvarez Albizuri (España)
Anna Gual (España)
Brittany Wallace (EEUU)
Lysiane Rakotoson (Francia)
Hannah Miet (EEUU)
Rocío Saavedra (España)
Shaun Gannon (EEUU)

José Alberto Arias Pereira (España)
Layla Martínez (España)
Helio León (España)
Vlad Dragoi (Rumanía)
Andrew Duncan Worthington (EEUU)
Joshua Espinoza (EEUU)
Irianna Chávez Esparza (Mexico)
Myra Jara (Perú)
Ricardo Limassol (México)
Carlos M-Castro (Nicaragua)
1986
Natalia Litvinova (Bielorrusia / Argentina)

Juan Bello (España)
Laura Casielles (España)
María González (España)
Denisse Vega Farfán (Perú)
Unai Velasco (España)
Alba González Sanz (España)
María Salvador (España)
Cassandra Troyan (EEUU)
DJ Berndt (EEUU)
Carrie Lorig (EEUU)
Carmen G. de la Cueva (España)
Marco Aragno (Italia)
Martha Asunción Alonso (España)
Vanity Dust (España)
Carabella Sands (EEUU)
Guillermo Morales Sillas (España)
1985
Javier Vicedo Alós (España)
Megan Boyle (EEUU)
Bárbara Butragueño (España)
Ana C. (México/EEUU)
Ruth Sanz (España)
Stephen Tully Dierks (EEUU)
Sara Sams (EEUU)
Antonina Semenets (Ucrania)
Yax-Kin Melchy (México)
Patricia Robles (España)
Tim Cockburn (Reino Unido)
Maria Borio (Italia)
David Teles Pereira (Portugal)
Jesús Nieto Jurado (España)
Lucía Morales (España)
Felipe Herrero (Argentina)
Dante Tercero (México)
1984
Cristina Fernández Recasens (España)
Kendra Grant Malone (EEUU)
Karen Valladares (Honduras)
Pablo López Pleguezuelo (España)
Irène Gayraud (Francia)
1983
Tao Lin (EEUU)
María Ramos (España)
Anna-Lisa Marí (España)
David Refoyo (España)
Pablo López Carballo (España)





La locura fingida

En momentos de peligro, puede constituir un recurso imprescindible para la supervivencia. Aquí dos personajes famosos, el primero inventado, el segundo real, aunque un poco adaptado por la novela de Robert Graves:

EL QUE SE HACÍA EL LOCO: HAMLET
Ser o no ser, esa es la cuestión. ¿Qué es más noble para el alma sufrir los golpes y las flechas de la injusta fortuna o tomar las armas contra un mar de adversidades y oponiéndose a ella, encontrar el fin? Morir, dormir… nada más; y con un sueño poder decir que acabamos con el sufrimiento del corazón y los mil choques que por naturaleza son herencia de la carne… Es un final piadosamente deseable. Morir, dormir, dormir… quizá soñar. Ahí está la dificultad. Ya que en ese sueño de muerte, los sueños que pueden venir cuando nos hayamos despojado de la confusión de esta vida mortal, nos hace frenar el impulso. Ahí está el respeto que hace de tan larga vida una calamidad. Pues quien soportaría los latigazos y los insultos del tiempo, la injusticia del opresor, el desprecio del orgulloso, el dolor penetrante de un amor despreciado, la tardanza de la ley, la insolencia del poder, y los insultos que el mérito paciente recibe del indigno cuando él mismo podría desquitarse de ellos con un puñal. Quejarse y sudar bajo una vida cansada, por el temor a algo después de la muerte – El país sin descubrir de cuya frontera ningún viajero vuelve- aturde la voluntad y nos hace soportar los males que sentimos en vez de volar a otros que desconocemos. La conciencia nos hace cobardes a todos. Y así el nativo color de la resolución enferma por el hechizo pálido del pensamiento y empresas de gran importancia y peso con lo que a esto se refiere, sus corrientes se desbordan y pierden el nombre de acción.

EL QUE SE HACÍA EL TONTO: YO, CLAUDIO





martes, 27 de octubre de 2015

Sobre la muerte






Sobre la muerte vista desde la perspectiva del niño que contempla el cadáver de su abuelo en “La montaña mágica”, de Thomas Mann:



Resueltas y explicadas en palabras, sus impresiones se había presentado del modo siguiente: la muerte era de una naturaleza piadosa, significativa y de una belleza triste, es decir, espiritual; pero al mismo tiempo era de otra naturaleza, casi contraria, muy física y material, y entonces no se la podía considerar bella, ni significativa, ni piadosa, ni siquiera triste. La naturaleza solemne y espiritual se expresaba por el suntuoso ataúd del difunto, por la magnificencia de las flores, por las palmas que, como se sabe, significaban la paz celeste; además, y más claramente todavía, por el crucifijo en las manos del abuelo difunto, por el Cristo bendiciendo de Thorwaldsen, que se hallaba sobre la cabecera del féretro, y por los dos candelabros erguidos a ambos lados que, en aquella circunstancia, habían adquirido igualmente un carácter sacerdotal. Todas esas disposiciones hallaban aparentemente su sentido exacto y bienhechor en el pensamiento de que el abuelo había adquirido para siempre su figura definitiva y verdadera. Pero además, como el pequeño Hans Castorp no dejó de notar, a pesar de que no decirlo en voz alta, todo aquello, y sobre todo la enorme cantidad de flores (en particular de tuberosas) tenía por objeto mitigar ese otro aspecto de la muerte que no es ni bello ni verdaderamente triste, sino más bien ruin, indignamente corporal: tenía por objeto hacer olvidar o impedir que la muerte penetrara a la conciencia. Esa segunda naturaleza de la muerte hacía que el abuelo difunto pareciese tan alejado que, en verdad no parecía en modo alguno el abuelo, sino más bien un muñeco de cera, de tamaño natural, que la muerte había cambiado por la persona y al que se rendían esos piadosos y fastuosos honores. El que yacía allí tendido, o más exactamente, lo que se hallaba allí tendido no era, pues, el abuelo, sino unos restos que Hans Castorp sabía que no eran de cera, sino de su propia materia, y en eso radicaba el carácter mezquino y la escasa tristeza del fenómeno; era tan poco triste como todas las cosas que conciernen al cuerpo y que no atañen más que a él. El pequeño Hans Castorp contemplaba esa materia lisa, amarilla como la cera y de una consistencia caseiforme, de que estaba hecha aquella figura mortuoria de tamaño natural, con el rostro y las manos del que había sido su abuelo. Una mosca acababa de posarse sobre la frente inmóvil y comenzó a agitar sus patitas. El viejo Fiete la espantó con precaución evitando tocar la frente, con expresión sombría, como si no debiese ni quisiera saber lo que hacía. Su expresión se debía aparentemente al hecho de que el abuelo ya no era más que un cuerpo inerte.







LOS SUICIDIOS DE MAX AUB

Los suicidios de Max Aub, imperdibles:
  • Suicidarse en seco.
  • Se suicida uno por todo.
  • ¿Quién no se ha suicidado?
  • Se suicida el que pierde, por ganar. Sentido exacto de ganar por la mano.
  • Nadie se suicida por equivocación ni por ignorancia. Morirse es otra cosa aunque, a veces, parezca un suicidio.
  • Trabaja uno hasta matarse.
  • En todo suicidio hay un asesino que nunca es el suicida. Otro otro.
  • No debí haber nacido. ¿O es que los padres son infalibles? ¿O cada coyunda es imagen de Dios? Me nacieron en un tiempo que me asquea. Ustedes lo pasen bien. Yo, sin duda, lo pasaré mejor.
  • Voy a ver qué pasa.
  • No tengo ninguna razón para hacerlo, pero tampoco para no hacerlo.
  • A ver si lo adivinan. Si no, tanto da.
  • Me suicido por el gusto de hacerlo.
  • Que Dios me lo tenga en cuenta.
  • Llámanlo el sueño eterno. Como padezco horriblemente de insomnio, pruebo.
  • Me suicido para que hablen de mí.
  • ¡Adivinen, jóvenes, ya que son tan listos!








PHILIPP MÄINLANDER


Amalfi [fragmento]
9
Las lágrimas que derrama el hombre en el sepulcro de su esperanza,
¿son rocío por el esplendor juvenil? ¿Son bendiciones
para que el hombre arraigue? ¿O son las gotas de sabia
que el árbol resecan, cuando su médula está
herida de muerte?
Como nubes que en la noche otoñal tormentosas restallan,
así persiguen mi alma pensamientos de muerte.
Por ti contendré el dolor; pero, dirás, tú también lo sientes.

10
Igual que en invierno las verdes hojas
caen del árbol, y la rica vida de las plantas
fluye hacia las raíces y allí se reúne,
así perdí
juventud y alegría, y con todas mis fuerzas
vertí hacia dentro mi vida entera.
Pero ni la primavera a una nueva juventud me llama,
ni la alegría de nuevo despierta.
Pues en mi dolorosa y feroz rabia vive;
Y con la excitada sangre del corazón
alimento el fuego salvaje
de la consumidora llama.

El valor de la existencia. Diálogo [fragmento]
II. Segunda voz – El hijo de la luz
Ah, cuán vana, cuán triste
es la lucha por la existencia. Aprende ¡oh, hombre!
como primer principio de sabiduría
que por un bien
tu alma está en vilo.
Arroja pronto los vanos cuidados.
Bebe el agua clara, recogida en tu mano, y
colma tu hambre con magra comida
y escaso alimento.
Purifica tu espíritu de doctrinas indignantes y
adómalo con las perlas que, desde las profundidades,
el mar de la negación te arroja,
tormentosamente agitado.
¡Aprende a amar con el espíritu, mortifica
el amor del corazón; y bendice,
bendice con alegría cada hora que más cerca de la tumba
te conduce!

LA POKEVOLUCIÓN DE QUENTIN

ÉRASE UNA VEZ…TARANTINO Como cualquier fan de Tarantino, fui a disfrutar de su última creación sin la necesidad de buscar algo definit...