domingo, 25 de octubre de 2015

Bienvenidos a este cajón de sastre donde pretendo dar a conocer una vía propia de acercamiento a la literatura, la sociología, la ciencia y las artes desde un punto de vista personal, aun con la esperanza de encontrar similitudes y discrepancias detrás de cada pantalla que poder compartir. Soy maestra de Primaria y Audición y Lenguaje, autodidacta en mis estudios de Psicología y Filosofía, escritora amateur desde pequeña, introducida en mi juventud, divino tesoro, en el poliédrico mundo teatral, inmersa en la corriente Lat Lit gracias a mis amistades cercanas, seguidora de los vaivenes que sufre la política y la corrupción en nuestro país desde un punto de vista activo en la medida de lo posible y paciente de trastorno bipolar recién diagnosticado. Escribo poemas y relatos cortos como terapia. Soy mamá de dos niños pequeños, uno de cinco y otro de dos. El mayor diagnosticado de altas capacidades, algo que todavía no concibo. Dentro de esta miscelánea, pretendo incluir tantas y tantas inquietudes que me rondan la cabeza y encontrar una chispita de interés por vuestra parte en alguno de los temas que con mucho gusto compartiré con vosotros.









A modo de presentación


La imagen que me representa desde los 7 años, cuando, según afirman los psicólogos, se afianza la personalidad, es la del personaje de Bastian en “La historia interminable” de Michael Ende, e interpretado por un expresivo Barret Oliver. La pasión por la lectura y la escritura y la vivencia de mundos fantásticos ha sido una constante en mi vida y me ha ayudado a sobrellevar las dificultades que a todos nos afligen más allá de lamentaciones vanas. Si bien el componente místico no ha alcanzado en mi interior tintes de veracidad, nunca he traspasado la barrera del libro y siempre lo he visto un cuento escrito por otro con un final, es decir, soy atea y no creo en universos diferentes a éste que se encuentren a mi alcance (lo creeré cuando lo vea); eso no impide que me maraville la magia desprendida de las pequeñas cosas y las artes y la ciencia son excelentes caminos que transitar con el fin de encontrarlas. Pero, sobre todo, la escucha de los demás, esos universos maravillosos que se esconden en la mente de cada persona, y que se afanan por ser comprendidos.  Este gran interés psicológico también me lo aporta un personaje de Michael Ende, mi animal por antonomasia, Casiopea. Su amiga, Momo, tenía una gran facilidad para escuchar a los demás; Casiopea le indicaba qué debía hacer con aquello que había escuchado.


Mi primer post está dedicado a este genio llamado Michael Ende, infravalorado por pertenecer al género de la literatura infantil, si bien sus contenidos distan mucho de tener una única lectura y tienen la profundidad de Tolkien o, más aún, de Jung o los mitos griegos. Incluye referencias a la gestión del tiempo y cómo los tiempos modernos están agotando sus reservas, el yo distorsionado por el poder o la manipulación, el subconsciente y los sueños, el ciclo de la vida y la muerte, la sabiduría que entraña el soltar amarres, la importancia de no perderse en sus propios miedos, saber vivir no mirando todo el conjunto al tiempo sino paso a paso para no deprimirnos, la importancia de mantener las relaciones con las personas más cercanas, las transformaciones del cuerpo como parte del ciclo de la vida, la maternidad relacionada al mismo tiempo con la muerte, los rayos de luz que aparecen en los momentos de mayor desesperación, la caída de los mitos y la búsqueda de lo sencillo, la fragilidad de lo artificioso, las relaciones de pareja a largo plazo, el amor por lo inalcanzable, la destrucción asociada a la desidia,…Es una escritura de postguerra, existencialista pero, al mismo tiempo, llena de sabios consejos, con una gran influencia de la filosofía oriental, el humanismo y el psicoanálisis, y no decae con el tiempo.

Sus adaptaciones cinematográficas no alcanzan la profundidad de su obra precisamente porque nunca se le ha tomado muy en serio. Ni siquiera su obra para adultos. Es, quizá, uno de los escritores (o filósofos) más ninguneados de su generación.

Aquí un fragmento de su joya, “Momo”, para hacernos una idea:

¿Ves, Momo? A veces tienes ante ti una calle que te parece terriblemente larga y que nunca podrás acabar de barrer. Entonces te empiezas a dar prisa, cada vez más prisa. Cada vez que levantas la vista, ves que la calle sigue igual de larga y te esfuerzas más aún, empiezas a tener miedo, al final te has quedado sin aliento. Y la calle sigue igual de larga y te esfuerzas más aún, empiezas a tener miedo, al final te has quedado sin aliento. Y la calle sigue estando por delante. Así no se debe hacer. Nunca se ha de pensar en toda la calle de una vez, ¿entiendes? Hay que pensar en el paso siguiente, en la inspiración siguiente, en la siguiente barrida. Entonces es divertido: eso es importante, porque entonces se hace bien la tarea. Y así ha de ser. De repente, se da uno cuenta de que, paso a paso, se ha barrido toda la calle. Uno se da cuenta de cómo ha sido, y no se queda sin aliento”.

Perfecta lección de vida, mejor explicada que ningún tratado filosófico, y a veces tan difícil de seguir:



Algunas entrevistas archivadas:

Y una de su propia voz:







Otros tributos navegando por la web:



Este primer post lo dedico a Ende, a Momo y a Casiopea, pero me quedan muchos, muchos más personajes, que me ayudarán a dar forma a esta mente desorganizada, este puzzle de palabras sueltas que forma mi mente y que podría generar todos los mensajes posibles con el tiempo necesario.

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