Algunos poemas propios
TIEMPO DE
ORDENAR
Frascos
atrapados en la despensa
No hay tiempo de
ordenar.
Un leve cambio,
un parpadeo,
un aleteo del
mirar
quedó en
suspenso y fue tarde.
Tarde, tarde,
lento, suave
Suave cae el
azúcar del estante
Lento el espejo gira
al compás
Los muebles
bailan, pizpiretos,
Un fandango, y
tranquilo, tranquilo,
El desorden se
precipita
Alegre,
voluminoso, descarado,
Tomándose su
tiempo
Robándolo sin
preguntar.
POR LA VENTANA
Hoy he visto
pájaros dentro del sol
Azules ribetes
entre palmeras
Niños escalando
paredes a contraluz
Gatos alados,
flores calientes
Tripas de
periódico
En lenta
descomposición.
Han rebotado en
mis ojos sin eco.
Los he devuelto
secos, fríos, roncos
Desnudos de
pensamiento.
¿Saben ellos que
ya no viven en mí?
ARREGLOS
NATURALES
Hacía tiempo que
no me tumbaba al sol,
no es costumbre
de gente ocupada.
No escuchar un
solo grito
parecía delito
susceptible de tortura,
cómo robarle al
tiempo
una paz a
contracorriente.
La hierba se
mezclaba conmigo
sin pedir
referencias
con la
naturalidad de lo eterno conocido.
Crujía seca la
zarzamora
por el tránsito
de pequeños monstruos
sobre mis
carreteras de carne y hueso
recogiendo
melaza, espliego y hierbabuena,
restos de polen,
musgo, esporas flotantes.
Oscuras nubes
aladas
succión
múltiple, milimétrica.
Una libélula por
cada lágrima,
un trompetero
por cada herida,
un ruiseñor por
cada recuerdo.
La naturaleza
cumple sus tratados
sin escatimar en
bellos recursos.
Lento deambular
por los túneles del cuerpo
en busca del
último espectáculo.
Un eco, una
mínima resistencia,
calor
desprendido de una mueca.
Si la vida no
era más que un vestido
roto por el
dobladillo,
la muerte esa
larva que se colaba,
cosquillera, por
el agujero.
Y el sol vestía
de luto dorado
sin abandonar la
casa de los vientos.
Algo se oía al
cerrar los ojos:
La reverberación
de un pasado nómada
en las
profundidades de la tierra.



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