MI PRIMER BIKINI
Sólo yo sé cuándo sobrevivimos.
Lo sé porque mis dedos
se transforman en lápices de colores.
Lo sé porque con ellos
dibujo en las paredes de tu casa
mujeres con rostro de epitafio.
Porque, a la caricia de la punta,
comienza el derrame de los cimientos
formando arco iris en la noche.
Porque, al escribir testamentos
en el suelo, se remueven las vísceras
de azúcar, y trepan tus raíces.
Grabo versos de colores fríos
en tu piel, de arquitrabe a basa,
y les llueve y los diluye, y compruebo
que la lluvia suena como hacen al caer
las canicas brillantes y naranjas
que cambiaba en el patio del recreo,
poco antes de calzar mi primer bikini.
Hoy guardo las canicas, como un apagado
tesoro, en los huecos de otras espaldas.
Pinto también en la terraza de enfrente
un jardín de lápidas cálidas y hermosas.
Trazo como una medusa de bronce,
un paraíso de cadenas hendiendo en mantillo
el valle diminuto que proclama que es frágil
y sin embargo, dirás tú, sobrevive.
Sólo yo sé cuándo sobrevivimos.
Lo sé porque mis dedos
se transforman en lápices de colores.
Lo sé porque con ellos
dibujo en las paredes de tu casa
mujeres con rostro de epitafio.
Porque, a la caricia de la punta,
comienza el derrame de los cimientos
formando arco iris en la noche.
Porque, al escribir testamentos
en el suelo, se remueven las vísceras
de azúcar, y trepan tus raíces.
Grabo versos de colores fríos
en tu piel, de arquitrabe a basa,
y les llueve y los diluye, y compruebo
que la lluvia suena como hacen al caer
las canicas brillantes y naranjas
que cambiaba en el patio del recreo,
poco antes de calzar mi primer bikini.
Hoy guardo las canicas, como un apagado
tesoro, en los huecos de otras espaldas.
Pinto también en la terraza de enfrente
un jardín de lápidas cálidas y hermosas.
Trazo como una medusa de bronce,
un paraíso de cadenas hendiendo en mantillo
el valle diminuto que proclama que es frágil
y sin embargo, dirás tú, sobrevive.
EL SECRETO DE HEIDI - Luna creciente
Cuando estoy sentada en el borde de la ventana,
mis uñas son el átomo principal de las estrellas:
hoy, por ejemplo, he alcanzado por fin la palabra luna
en la frase viento que araña. Me la pongo en el ombligo.
Escribo otro nombre que no es el mío
con la punta de los dedos de los pies,
removiendo con cuchara las vísceras del vértigo.
Mirando el cielo en una noche de verano,
los cuerpos celestes son miguitas de pan
que los héroes arrastran para no olvidar volver a casa.
Y me digo que quizá la Heidi que los dioses veneran
es la misma que duerme en la copa del árbol
que yo derribo, que bombardeo con las migas de pan
— escupitajos que se engarzan en desiertos embetunados—
que recojo cuando todos me dejan sola.
Tremendamente sola, hilando Biodramina
en la punta de los dardos que arrojo
a los que se revuelven dentro de mi estómago.
Qué agradable es beberse la cuenca de los ojos,
armarse la boca de septiembre a mediodía.
I WILL SURVIVE
Tengo una enorme colección de amantes. Me consuelan y me aman y con ellos mi ego se expande y extramuros alcanza la azotea. Cuando estoy con cualquiera de ellos, o con todos a la vez, siento la pesada carga de millones de pupilas subidas a mi grupa, y a mi oído lo acosan millones de improperios, se habrá visto niña más desvergonzada / pobrecita, Dios le libre del problema que suponen / habría que encerrarlas a todas . Languidezco. Quiero volar y volar y volar como Campanilla —blanco y radiante cuerpo celestial, pequeño cometa, pequeño cometa— de la mano mis amantes, que dicen cosas bonitas como estigma, princesa, miss cabello bonito, asteroide. Todo sea por mis amantes, que no son dignos de elogio: son minúsculos, y redondos, y azules, azules o blancos, o azules y blancos, y su boquita de piñón es invisible, y para besarles introduzco a los pitufos en mi boca, y para gozar de ellos los trago, porque me sé mantis religiosa. Quién soy, quién soy, ni siquiera sé quién soy. Sólo los necesito cuando me desdoblo en dos, cuando mi ego se encoge incomprensiblemente e intramuros alcanza un punto mínimo, cuando lloro demasiado o río demasiado, y entonces los llamo y ellos, decidme vosotrosquién soy, mi pequeño y urgente consuelo, se adentran en mi boca sin dudarlo, complacidos, y me recorren por dentro, y al fin sonrío, soy, sonrío tras sus cuatro, cinco, seis besos azules, un balanceo en mi regazo, la sonrisa desencajada, quién soy ahora, quién soy realmente ahora, quizá sea una muñeca de trapo, me toman prestada, sonrío con sus besos fríos color pitufo, color papá pitufo, besos de colores, ligero toque frío y plástico en mi lengua, quién soy ahora, quién soy realmente ahora. Les comparto con muchas otras, Sylvia, Anne, ay mis amantes pluriempleados, no lo he dicho, mis amantes que son minúsculos, redondos y azules, apuestos príncipes de un cuento de hadas, cuando hago como que duermo creen que soy la Bella Durmiente, y entonces quiebran el relato y me besan, y son como cualquier beso que lo es para dormirse, buenas noches pequeñas plásticas azules y blancas, quién soy, ya no quiero responder, no sé quién soy, y contradigo el cuento y mi sueño es más profundo, y no quiero despertar, no quiero, sólo quiero más besos azules, quién, besos blancos, besos porque mi ego tambalea en el centro de mi estómago, quién soy, besos redondos o cilíndricos, no importa quién soy, quién soy realmente, falo químico para mi sonrisa, quién soy ahora, falo químico de colores para mi cabeza baja.

No hay comentarios:
Publicar un comentario