lunes, 26 de octubre de 2015

Los hijos

Eso de ser progenitor y que genera tanto miedo en aquellos que lo serán en pocos años  a pesar de todas sus afirmaciones a la contra, lo de aparcar una vida propia y ser de repente el satélite de otra, pues sí, efectivamente, es un hachazo, una forma de espabilar rápidamente, de madurar a los 20, a los 30, a los 40, cuando uno lo haya decidido. La maternidad es un ciclo de cambios como lo es la adolescencia. Quien no haya pasado por él tendrá otra forma de conseguirlo, mediante la realización personal, la ayuda humanitaria, los viajes por el mundo…pero ese distanciarse de uno mismo para luchar dejándose el pellejo por otro, eso, sólo lo produce la paternidad (biológica o no).

Yo siempre he sido muy despistada. Me dejaba el paraguas, la carpeta, la maleta…en cualquier parte. Lo sigo haciendo. Si alguna parte de mi cuerpo fuera de quita y pon, ya no la tendría. Y me preguntaba, con mi barriga prominente en forma de cohete espacial, si algún día me dejaría el carrito en algún supermercado. Jamás. Imposible. Hay una conexión hormonal que supera el raciocinio. El olor de tu bebé y esa necesidad de mecerlo rítmicamente te impide separarte ni por un instante. Repito, jamás.

Sin extenderme en las dificultades actuales de conciliación que ya conocemos todos, voy a comentar cómo éstas afectan a la educación y, de esta forma, entender que nuestros niños no tienen una dificultad especial para aprender, sino que son hijos de su tiempo. Conviene recordarlo. He aquí una campaña de Malasmadres sobre este asunto:



De un padre, una madre, un tío, una abuela, se necesita ese tiempo de escucha, de compañía, una ayuda en la distancia, un saber correr ante una herida, una función del colegio…el tiempo que nos falta, a veces estando todos juntos, pegados pero lejanos. Mirar a los ojos es suficiente para conectar de nuevo. Una caricia, un abrazo, pintar juntos, dejar que se ensucien, ensuciaros a manos plenas.

Sobre la escuela, ésta se adapta a los cambios también y no conviene dejarse llevar por el histerismo. Conviene recordar que esta guerra de leyes educativas es política y los maestros dedican siete horas diarias y media (repito, siete horas y media), más los fines de semana más parte de sus vacaciones en forma de cursillos y correcciones, de aprender a enseñar, puesto que la pedagogía es un arte más que una tecnología y se afina con la experiencia. Relajaos un poco, que no estamos en los años 40. Cuidado con las corrientes de moda. Cuidado con los que pretende derribar todo el edificio desde los cimientos. Las catedrales se perfeccionan con paciencia y buen gusto.

La paternidad te cambia la vida, se dice. No, te la desguaza de arriba a abajo, al menos al principio. Es un aterrizar al planeta Tierra, dejar de vivir en las nubes de la autocontemplación y sufrir el desgarro perpetuo. Un sufrir maravilloso. Un morir en paz. Os bombardearán con consejos. Os crearán la duda sobre el mejor método pedagógico. Opinarán de ellos y de ti al mismo tiempo, pues formáis parte del mismo ser, al menos al principio. Y cuando ese ser comience a separarse, allá por los treinta y largos, dicen, se os habrá quedado un hueco tan grande como aquel que ocupan. Pase lo que pase, allí estarán y os afirmarán al terreno, os querrán, os llamarán, os mantendrán con vida aunque no queráis.






Dos poemas que escribí sobre mis hijos. Es difícil plasmar sobre papel sensaciones tan intensas.



POEMA EN LABIOS DE AITOR
Mamá. Te quiero.
Mamá, ¿qué es la muerte?
La muerte es un lugar del que no vuelves.
Mamá, si la muerte es no volverte a ver,
no te mueras, que no muera nadie.
Mamá, ¿por qué nacemos?
Yo quiero no nacer.
Pero, hijo, si no naces,
No puedes estar aquí.
¿Por qué, por qué?
Porque al nacer existimos.
Pues entonces nazcamos
otra vez, tú conmigo.
Pero tú naces de mí,
no puedo nacer contigo,
porque sería tu hermana
y no tu madre.
¿Y no serías mayor como ahora?
Sería una niña como tú.
¿Y no podrías cantarme por la noche?
Puede, si aprendiera a cantar.
¿Y podrías ayudarme a comer?
Puede, si yo aprendiera primero.
¿Y podrías jugar siempre conmigo?
Claro, para eso están las hermanas.
Mamá, no me importa que seas mi hermana.
Mientras tú seas tú y yo sea yo
Vamos a nacer juntos.






CORRIENDO POR EL MURO
Una sombra corretea por el muro
¡No te alejes! ¿Me oyes? ¡Vuelve aquí!
y se pierde en volutas de pies y manos
Este niño no para, le pasa algo.
sus ojos espumosos tras el periscopio,
deja el rollo de papel, harta me tienes
e ingrávido se alza a hombros de Saturno
No te subas al armario, bájate en breve
Se declara en paradójica rebelión
y batalla la retirada medio dormido
¿Que no tienes sueño? Anda, bravucón…
irisado coleóptero que parpadea sus alas
y penetra en laberintos de nocturnidad
su inquieto, catastrófico alarido.
Es el niño, que se ha vuelto a despertar.
¿Eh? ¿Cómo? ¿Qué? ¿Dónde ha sido?

Es tan solo un retazo de humanidad,
una corriente perdida entre los pinos.
¿Tú lo ves, dónde, dónde se ha metido?
magnolia por abrir, subterráneo de cielo
que sabe cómo explotar la belleza del nido
No traigas más pájaros a casa, ¿de acuerdo?
y la rodea, y se sumerge, esquivando,
en su deambular extraño, el garrote
del miedo y los adultos sobresaltos.
No miras por dónde vas, ¿hasta cuándo?

Atesora en pequeños y tiernos espacios
piedritas, hormigas y un remolino de horas
¿Qué llevas en el bolsillo, caracolas?
caramelos, arlequines, sabrosos helicópteros
los recoge, los adorna, amoroso los destroza
Se lo acababa de comprar, ¡nuevecico y roto ya!
ese colibrí blando y desdentado, un rayo de nieve
No, cariño, la montaña no nos la podemos llevar
oscuridad con hoyuelos y sonrisa blanca
¡Qué guapo eres! ¿Cuántos años tienes?
Otrora fragante, dorada cabeza de mimbre.
Qué rubio salió el segundo, ¿de dónde viene?

Dos estrellas fugaces atravesaron el parque
¿las visteis brillar en esta hora oscura?
Cariño, tienes que bajar ahorita del tobogán
Dos formas son de una misma sombra
sombra que ilumina los rotos abismos
el anciano, aletargado muro sin costuras,
el frente de la vida, mágico sombrero
cuajado de vastos, ignotos paraísos.
¿Mamá qué es eso? Dime, dime, ¿qué es?
El mundo, ¿oyes cómo suena bajo tus pies?



Sato Kanae

No hay comentarios:

Publicar un comentario

LA POKEVOLUCIÓN DE QUENTIN

ÉRASE UNA VEZ…TARANTINO Como cualquier fan de Tarantino, fui a disfrutar de su última creación sin la necesidad de buscar algo definit...