Eso de ser progenitor y que genera tanto
miedo en aquellos que lo serán en pocos años
a pesar de todas sus afirmaciones a la contra, lo de aparcar una vida
propia y ser de repente el satélite de otra, pues sí, efectivamente, es un
hachazo, una forma de espabilar rápidamente, de madurar a los 20, a los 30, a
los 40, cuando uno lo haya decidido. La maternidad es un ciclo de cambios como
lo es la adolescencia. Quien no haya pasado por él tendrá otra forma de
conseguirlo, mediante la realización personal, la ayuda humanitaria, los viajes
por el mundo…pero ese distanciarse de uno mismo para luchar dejándose el
pellejo por otro, eso, sólo lo produce la paternidad (biológica o no).
Yo siempre he sido muy despistada. Me dejaba
el paraguas, la carpeta, la maleta…en cualquier parte. Lo sigo haciendo. Si
alguna parte de mi cuerpo fuera de quita y pon, ya no la tendría. Y me
preguntaba, con mi barriga prominente en forma de cohete espacial, si algún día
me dejaría el carrito en algún supermercado. Jamás. Imposible. Hay una conexión
hormonal que supera el raciocinio. El olor de tu bebé y esa necesidad de
mecerlo rítmicamente te impide separarte ni por un instante. Repito, jamás.
Sin extenderme en las dificultades
actuales de conciliación que ya conocemos todos, voy a comentar cómo éstas
afectan a la educación y, de esta forma, entender que nuestros niños no tienen
una dificultad especial para aprender, sino que son hijos de su tiempo. Conviene
recordarlo. He aquí una campaña de Malasmadres sobre este asunto:
De un padre, una madre, un tío, una
abuela, se necesita ese tiempo de escucha, de compañía, una ayuda en la
distancia, un saber correr ante una herida, una función del colegio…el tiempo
que nos falta, a veces estando todos juntos, pegados pero lejanos. Mirar a los
ojos es suficiente para conectar de nuevo. Una caricia, un abrazo, pintar
juntos, dejar que se ensucien, ensuciaros a manos plenas.
Sobre la escuela, ésta se adapta a los
cambios también y no conviene dejarse llevar por el histerismo. Conviene
recordar que esta guerra de leyes educativas es política y los maestros dedican
siete horas diarias y media (repito, siete horas y media), más los fines de
semana más parte de sus vacaciones en forma de cursillos y correcciones, de aprender
a enseñar, puesto que la pedagogía es un arte más que una tecnología y se afina
con la experiencia. Relajaos un poco, que no estamos en los años 40. Cuidado
con las corrientes de moda. Cuidado con los que pretende derribar todo el
edificio desde los cimientos. Las catedrales se perfeccionan con paciencia y
buen gusto.
La paternidad te cambia la vida, se dice.
No, te la desguaza de arriba a abajo, al menos al principio. Es un aterrizar al
planeta Tierra, dejar de vivir en las nubes de la autocontemplación y sufrir el
desgarro perpetuo. Un sufrir maravilloso. Un morir en paz. Os bombardearán con
consejos. Os crearán la duda sobre el mejor método pedagógico. Opinarán de
ellos y de ti al mismo tiempo, pues formáis parte del mismo ser, al menos al
principio. Y cuando ese ser comience a separarse, allá por los treinta y
largos, dicen, se os habrá quedado un hueco tan grande como aquel que ocupan.
Pase lo que pase, allí estarán y os afirmarán al terreno, os querrán, os
llamarán, os mantendrán con vida aunque no queráis.
Dos poemas que escribí sobre mis hijos.
Es difícil plasmar sobre papel sensaciones tan intensas.
POEMA EN LABIOS DE AITOR
Mamá. Te quiero.
Mamá, ¿qué es la muerte?
La muerte es un lugar del que no vuelves.
Mamá, si la muerte es no volverte a ver,
no te mueras, que no muera nadie.
Mamá, ¿por qué nacemos?
Yo quiero no nacer.
Pero, hijo, si no naces,
No puedes estar aquí.
¿Por qué, por qué?
Porque al nacer existimos.
Pues entonces nazcamos
otra vez, tú conmigo.
Pero tú naces de mí,
no puedo nacer contigo,
porque sería tu hermana
y no tu madre.
¿Y no serías mayor como ahora?
Sería una niña como tú.
¿Y no podrías cantarme por la noche?
Puede, si aprendiera a cantar.
¿Y podrías ayudarme a comer?
Puede, si yo aprendiera primero.
¿Y podrías jugar siempre conmigo?
Claro, para eso están las hermanas.
Mamá, no me importa que seas mi hermana.
Mientras tú seas tú y yo sea yo
Vamos a nacer juntos.
CORRIENDO POR EL MURO
Una sombra corretea por el muro
¡No te alejes! ¿Me oyes? ¡Vuelve aquí!
y se pierde en volutas de pies y manos
Este niño no para, le pasa algo.
sus ojos espumosos tras el periscopio,
deja el rollo de papel, harta me tienes
e ingrávido se alza a hombros de Saturno
No te subas al armario, bájate en breve
Se declara en paradójica rebelión
y batalla la retirada medio dormido
¿Que no tienes sueño? Anda, bravucón…
irisado coleóptero que parpadea sus alas
y penetra en laberintos de nocturnidad
su inquieto, catastrófico alarido.
Es el niño, que se ha vuelto a
despertar.
¿Eh? ¿Cómo? ¿Qué? ¿Dónde ha sido?
Es tan solo un retazo de humanidad,
una corriente perdida entre los pinos.
¿Tú lo ves, dónde, dónde se ha metido?
magnolia por abrir, subterráneo de cielo
que sabe cómo explotar la belleza del
nido
No traigas más pájaros a casa, ¿de
acuerdo?
y la rodea, y se sumerge, esquivando,
en su deambular extraño, el garrote
del miedo y los adultos sobresaltos.
No miras por dónde vas, ¿hasta cuándo?
Atesora en pequeños y tiernos espacios
piedritas, hormigas y un remolino de
horas
¿Qué llevas en el bolsillo, caracolas?
caramelos, arlequines, sabrosos
helicópteros
los recoge, los adorna, amoroso los
destroza
Se lo acababa de comprar, ¡nuevecico y
roto ya!
ese colibrí blando y desdentado, un rayo
de nieve
No, cariño, la montaña no nos la podemos
llevar
oscuridad con hoyuelos y sonrisa blanca
¡Qué guapo eres! ¿Cuántos años tienes?
Otrora fragante, dorada cabeza de
mimbre.
Qué rubio salió el segundo, ¿de dónde
viene?
Dos estrellas fugaces atravesaron el
parque
¿las visteis brillar en esta hora
oscura?
Cariño, tienes que bajar ahorita del
tobogán
Dos formas son de una misma sombra
sombra que ilumina los rotos abismos
el anciano, aletargado muro sin
costuras,
el frente de la vida, mágico sombrero
cuajado de vastos, ignotos paraísos.
¿Mamá qué es eso? Dime, dime, ¿qué es?
El mundo, ¿oyes cómo suena bajo tus
pies?
Sato Kanae


No hay comentarios:
Publicar un comentario