Cabe
plantearse si el exceso de conocimiento (aun siendo éste escaso en función de
la magnitud que abarca el universo) atenta contra la integridad personal. Es
agradable saber de gente que defiende los animales, los árboles, la vida en el
planeta en toda su extensión, pero a veces, para seguir defendiéndolos, hay que
estrechar otras perspectivas. Diane Fossey no soportaba la compañía humana.
Algunos serían capaces de encarcelar a un anciano hambriento por haber matado un lagarto en peligro de extinción.
Diane Fossey
Sobre las utopías, quien las
defiende olvida que cualquier sistema, en el momento en que se convierte en una
organización política real, se corrompe con suma facilidad, es decir, no
aguanta su aplicación práctica y, para mantenerla, se cometen crímenes
espantosos, como ocurre en los regímenes comunistas, nacionalistas, teologistas, capitalistas, transhumanistas, patriarcales, matriarcales, cientifistas, etc. Los
romanos sufrieron diferentes formas de gobierno y en todas ellas podemos estudiar
su decadencia. Los griegos, como fundadores de la democracia teórica, junto con
otras formas de gobierno, no eran en absoluto demócratas, defendían la
esclavitud y la división en diferentes castas, según se fuera rico, pobre,
hombre o mujer, ateniense o bárbaro.
Senado de la Antigua Roma
En paralelismo con el principio de
incertidumbre a nivel subatómico, si nos fijamos en el individuo particular, la
ilusión de sistema desaparece. Para mantener la ilusión, conviene no mirar muy
de cerca sus componentes. Y, viceversa, proteger al individuo concreto puede
atentar contra las normas sociales. Como ser miope e hipermétrope a la vez.
Cuanto más implicado se está con una causa, más ciego se permanece a sus
críticas. Cuanto más cerca del individuo, menos implicación social en
comunidades de gran tamaño.
Sin embargo, si se quiere hacer confluir el
conocimiento de cerca y de lejos, si se quiere tener una mirada con lentes
progresivas, aparece la visión de caos, de cambio aleatorio, de alienación.
Para sentirse integrado en el ecosistema conviene cegar una parte del
conocimiento. Querer verlo todo marea, causa un vértigo insoportable. Para
vivir tranquilo, la sonrisa beatífica de la ignorancia.
Por otra parte, se
convierte dicho conocimiento en una fantasía más. ¿Acaso no somos malabaristas de
ilusiones? ¿No tragamos a diario el fuego de las construcciones sociales, de
los estereotipos? Algunos piensan que apagar el pensamiento nos hace más
sabios, más cercanos a la realidad, pero, en realidad, es la mayor de las
barreras frente al medio. La meditación, el rezo, la música New Age, los
templos de la contemplación, nos defienden del exceso de información y, como
consecuencia, nos vuelve conformistas, ajenos al progreso. La aceptación, la
inacción, el miedo al cambio. Mantenerse agarrados al clavo en el ojo del
huracán.
Al contrario, ser crítico con todo, un cínico llevado al
extremo, rechaza tomar partido, sumido en una duda
constante, y lo aleja de la sociedad. Querer desentrañar la realidad es ir
zozobrando en un océano repleto de escollos, que son los defensores del
pensamiento rígido, los combatientes del hombre contra el hombre, las
contradicciones sufridas a diario. Un choque continuo, del cual difícilmente se
puede salir ileso. Puede conducir a la depresión, la violencia verbal, el
terrorismo, la conducta infantil, la autolesiva, la adicción a determinadas
sustancias, la paranoia y un largo etcétera de trastornos, formas de andar
desencajado, como un círculo en un mundo cuadrado.
Cabe preguntarse si la
ignorancia participativa constituye un mecanismo de supervivencia en la era de
la información y el tándem ciencia-democracia el azote del oscurantismo cuando
éste se ofrece como alternativa.
Links:
Políticas
de la antigua Roma:
Conformismo
y religión:




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