viernes, 30 de octubre de 2015



EL TRASTORNO BIPOLAR



Hoy me centro en el trastorno bipolar. No pienso ocultar mi condición, no tengo nada que esconder y pretendo dar a entender que no somos personas ni peligrosas, ni confundidas, ni tan siquiera inadaptadas. Sólo tenemos una enfermedad que se puede tratar adecuadamente para permitirnos realizar una vida normal. Ah, y somos unos cuantos en el mundo, así que probablemente cualquiera que esté leyendo esto conozca a uno o a más de uno y ni siquiera lo sepa.

Cuando hablo del tema con los demás, al preguntarme por mi enfermedad sin esperarse semejante respuesta (o no preguntarían), encuentro reacciones de diversos tipos:

La cara pétrea con su pensamiento asociado “Don’t feed the troll”, que tengo prisa y hay problemas mucho más graves en el mundo.

La cara compasiva con su pensamiento asociado “Puedes creer que puedes contar conmigo aunque no sé de qué me hablas”.

La casa asustada con su pensamiento “No sé si debo huir inmediatamente” o “No quiero que mi pareja, mamá, hija, amiga, se eche a perder pero no sé cómo ayudarla”.

Y luego está la de ojos abiertos, cara empática y escucha activa y ese brillo en los ojos de: “Sé de lo que estás hablando”. No siempre se adecúa a la realidad. A lo mejor padecemos desórdenes distintos, pero la sensación de comunión es suficiente para abrir lo que una amiga llama “centro profundo de comunicación subterránea que elimina las barreras lógicas y conecta los vasos comunicantes a través de las vísceras”.

Bueno, para todos aquellos que tienden puentes y se quedan por cruzarlos desde un lado y desde el otro al no saber dónde poner el pie, voy a intentar explicar qué carallo es eso de la bipolaridad, porque más de uno pensará en Gollum, en imanes o pilas de larga duración y cómo me ha afectado a mí (visión personal) o cómo ha afectado a otros, incluyendo gente famosa que conoce (teóricamente) todo el mundo.

En primer lugar, ser bipolar no es ser depresivo aunque pases estadios de depresión. De hecho, fui diagnosticada en mi primera juventud de cuadro depresivo por no saber identificar mis fases hipomaníacas, algo que ni yo misma consideraba un problema, más bien al contrario. Los antidepresivos, pues, no solucionan el problema. La terapia psicológica, que en la depresión ayuda en un 50%, o más, no sirve tampoco. Y es que el trastorno bipolar es una alteración de los mecanismos cerebrales que regulan los estados del ánimo y se trata con medicación. Ajustar la medicación es lo más difícil y, además, con frecuencia, la dolencia es de por vida.


¿Y en qué consiste? Pues en la alternancia de estados de ánimo eufóricos y estados de ánimo depresivos. Estas alternancias pueden ser de meses, semanas, o incluso días. A veces, en pocas horas se pueden dar caídas bruscas desde un pico al otro y viceversa. La montaña rusa. Y ahora lo que mola: si eres tipo I (ya sabemos cómo les encanta clasificar a los psiquiatras), tus fases de manía (euforia) tienden a ser peligrosas para uno mismo en grado extremo (creerse Superman, gastar grandes sumas de dinero…) y a veces requieren internamiento, pero no necesariamente. En el bipolar tipo II la fase maníaca (hipomaníaca) es menos acusada y consiste en querer hacer muchas cosas, ser muy receptivo y comunicativo, ser un tipo que intenta llegar a todo; a veces, esto produce irritabilidad cuando se interponen en tu camino. Yo soy de este último tipo.

LA MANÍA
Los síntomas de la manía son:

 
·         Ánimo elevado, expansivo o irritable
·         Grandiosidad
·         Disminución de la necesidad de dormir
·         Verborrea
·         Pensamiento acelerado y fuga de ideas
·         Aumento de actividades
·         Aumento de la sexualidad
·         Aumento de los gastos


              

                                                                           









LA DEPRESIÓN

La depresión es igual en ambos casos (bipolar I y II) e igual a la de los depresivos en general, sólo que, unido a la impulsividad en el caso de los bipolares, puede conllevar mayor riesgo de suicidio en estos últimos. Los síntomas depresivos, que no tienen nada que ver con estar triste de vez en cuando, son los siguientes:

·         Humor deprimido durante la mayor parte del día, se siente triste o vacío.
·         Humor irritable.
·         Falta de interés o placer en todas, o prácticamente en todas, las actividades durante la mayor parte del día.
·         Pérdida o ganancia de peso significativa o disminución o aumento del apetito
·         Insomnio o hipersomnio
·         Agitación o enlentecimiento psicomotriz
·         Fatiga o falta de energía prácticamente todos los días.
·         Sentimientos de inutilidad o culpa excesiva o inapropiada
·         Disminución de la capacidad de pensar o concentrarse o indecisión
·         Ideas recurrentes de muerte, ideas suicidas recurrentes sin un plan o un intento de suicidio concreto o plan concreto para suicidarse.



Un cómic curioso sobre el estado depresivo y el trastorno por ansiedad, que suelen acompañar a la enfermedad:


Y una animación sobre la depresión:




 EPISODIO MIXTO

Cuando se alteran ambos estados, el maníaco y el depresivo, en poco tiempo, se habla de un episodio mixto.





Ésta es la parte técnica. La vida cotidiana consiste en sobrevivir a los intentos de suicidio, las discusiones con las personas que quieres y tu entorno en general, el aceptar que tus ideas no necesariamente van a salvar el mundo o, por el contrario, que eres capaz de tener de muy buenas y de convertirlas en un proyecto realista. La sensación general es la de falta de valía porque te encuentras en un estado de continuo desequilibrio, como en cualquier enfermedad. Cuando uno pasa una gripe se siente muy vulnerable. La bipolaridad crea dicha sensación sin que los demás entiendan la mayor parte de las veces lo que te está ocurriendo.






Ahora voy a poner algunas referencias cinematográficas sobre la bipolaridad y algunos artistas que la han padecido y es que los trastornos mentales tienen una única ventaja, que fomentan la creatividad, como cualquier proceso de crisis del individuo, ya que se intenta buscar soluciones a un estado del que nadie más que uno mismo te puede sacar. El arte en todas sus formas constituye una vía de liberación.

En cuanto a películas y series de ficción: Mr. Jones, Biutiful, La fiera de mi niña, Las horas, Homeland. Que se le acercan, aunque se encaminan más hacia la depresión o el trastorno límite de personalidad: Nación Prozac e Inocencia interrumpida.




En cuanto a artistas que padecieron el trastorno o que aún lo padecen:



Stephen Fry, Sinead O’Connor, Axl Rose, Jimmy Hendrix, Sting, Jim Carrey, Catherine Zeta-Jones, Mel Gibson, Ben Stiller, Carrie Fisher, Linda Hamilton, Robert Downey Junior,  Piotr Tchaikovsky, Cary Grant, Virginia Woolf, Edgar Allan Poe, Vincent Van Gogh, Sylvia Plath, Herman Hesse, Anne Sexton, Friedrich Nietzsche, David Foster Wallace. A valorar el índice de suicidios en esta lista, destacados en negrita, o muerte en extrañas circunstancias, destacados en cursiva. Por lo que es muy importante el diagnóstico y tratamiento tempranos.




     







CÓMO VIVIR CON EL TRASTORNO BIPOLAR


Este galardonado documental de Stephen  Fry:

Entrevista a Carrie Fischer como presentación de la última película de Star Wars.

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