EL TRASTORNO BIPOLAR
Hoy me centro en el trastorno
bipolar. No pienso ocultar mi condición, no tengo nada que esconder y pretendo dar
a entender que no somos personas ni peligrosas, ni confundidas, ni tan siquiera
inadaptadas. Sólo tenemos una enfermedad que se puede tratar adecuadamente para
permitirnos realizar una vida normal. Ah, y somos unos cuantos en el mundo, así
que probablemente cualquiera que esté leyendo esto conozca a uno o a más de uno
y ni siquiera lo sepa.
Cuando hablo del tema con los
demás, al preguntarme por mi enfermedad sin esperarse semejante respuesta (o no
preguntarían), encuentro reacciones de diversos tipos:
La cara pétrea con su pensamiento
asociado “Don’t feed the troll”, que tengo prisa y hay problemas mucho más
graves en el mundo.
La cara compasiva con su
pensamiento asociado “Puedes creer que puedes contar conmigo aunque no sé de
qué me hablas”.
La casa asustada con su
pensamiento “No sé si debo huir inmediatamente” o “No quiero que mi pareja,
mamá, hija, amiga, se eche a perder pero no sé cómo ayudarla”.
Y luego está la de ojos abiertos,
cara empática y escucha activa y ese brillo en los ojos de: “Sé de lo que estás
hablando”. No siempre se adecúa a la realidad. A lo mejor padecemos desórdenes
distintos, pero la sensación de comunión es suficiente para abrir lo que una
amiga llama “centro profundo de comunicación subterránea que elimina las
barreras lógicas y conecta los vasos comunicantes a través de las vísceras”.
Bueno, para todos aquellos que
tienden puentes y se quedan por cruzarlos desde un lado y desde el otro al no
saber dónde poner el pie, voy a intentar explicar qué carallo es eso de la bipolaridad, porque más de uno pensará en Gollum,
en imanes o pilas de larga duración y cómo me ha afectado a mí (visión
personal) o cómo ha afectado a otros, incluyendo gente famosa que conoce
(teóricamente) todo el mundo.
En
primer lugar, ser bipolar no es ser depresivo aunque pases estadios de
depresión. De hecho, fui diagnosticada en mi primera juventud de cuadro
depresivo por no saber identificar mis fases hipomaníacas, algo que ni yo misma
consideraba un problema, más bien al contrario. Los antidepresivos, pues, no
solucionan el problema. La terapia psicológica, que en la depresión ayuda en un
50%, o más, no sirve tampoco. Y es que el trastorno bipolar es una alteración
de los mecanismos cerebrales que regulan los estados del ánimo y se trata con
medicación. Ajustar la medicación es lo más difícil y, además, con frecuencia,
la dolencia es de por vida.
¿Y
en qué consiste? Pues en la alternancia de estados de ánimo eufóricos y estados
de ánimo depresivos. Estas alternancias pueden ser de meses, semanas, o incluso
días. A veces, en pocas horas se pueden dar caídas bruscas desde un pico al
otro y viceversa. La montaña rusa. Y ahora lo que mola: si eres tipo I (ya
sabemos cómo les encanta clasificar a los psiquiatras), tus fases de manía
(euforia) tienden a ser peligrosas para uno mismo en grado extremo (creerse
Superman, gastar grandes sumas de dinero…) y a veces requieren internamiento,
pero no necesariamente. En el bipolar tipo II la fase maníaca (hipomaníaca) es
menos acusada y consiste en querer hacer muchas cosas, ser muy receptivo y comunicativo,
ser un tipo que intenta llegar a todo; a veces, esto produce irritabilidad
cuando se interponen en tu camino. Yo soy de este último tipo.
Los síntomas de la manía
son:
·
Ánimo elevado, expansivo o irritable
·
Grandiosidad
·
Disminución de la necesidad de dormir
·
Verborrea
·
Pensamiento acelerado y fuga de ideas
·
Aumento de actividades
·
Aumento de la sexualidad
·
Aumento de los gastos
LA DEPRESIÓN
La depresión es igual
en ambos casos (bipolar I y II) e igual a la de los depresivos en general, sólo que, unido a la
impulsividad en el caso de los bipolares, puede conllevar mayor riesgo de
suicidio en estos últimos. Los síntomas depresivos, que no tienen nada que ver con estar triste
de vez en cuando, son los siguientes:
·
Humor deprimido durante la mayor parte del día, se siente triste
o vacío.
·
Humor irritable.
·
Falta de interés o placer en todas, o prácticamente en todas, las
actividades durante la mayor parte del día.
·
Pérdida o ganancia de peso significativa o disminución o aumento
del apetito
·
Insomnio o hipersomnio
·
Agitación o enlentecimiento psicomotriz
·
Fatiga o falta de energía prácticamente todos los días.
·
Sentimientos de inutilidad o culpa excesiva o inapropiada
·
Disminución de la capacidad de pensar o concentrarse o
indecisión
·
Ideas recurrentes de muerte, ideas suicidas recurrentes sin un
plan o un intento de suicidio concreto o plan concreto para suicidarse.
Un cómic curioso sobre
el estado depresivo y el trastorno por ansiedad, que suelen acompañar a la
enfermedad:
Y una animación sobre la
depresión:
Cuando se
alteran ambos estados, el maníaco y el depresivo, en poco tiempo, se habla de
un episodio mixto.
Ésta es la parte técnica. La vida cotidiana consiste en
sobrevivir a los intentos de suicidio, las discusiones con las personas que
quieres y tu entorno en general, el aceptar que tus ideas no necesariamente van
a salvar el mundo o, por el contrario, que eres capaz de tener de muy buenas y
de convertirlas en un proyecto realista. La sensación general es la de falta de
valía porque te encuentras en un estado de continuo desequilibrio, como en cualquier
enfermedad. Cuando uno pasa una gripe se siente muy vulnerable. La bipolaridad
crea dicha sensación sin que los demás entiendan la mayor parte de las veces lo
que te está ocurriendo.
Ahora voy a poner algunas referencias cinematográficas sobre la
bipolaridad y algunos artistas que la han padecido y es que los trastornos
mentales tienen una única ventaja, que fomentan la creatividad, como cualquier
proceso de crisis del individuo, ya que se intenta buscar soluciones a un
estado del que nadie más que uno mismo te puede sacar. El arte en todas sus
formas constituye una vía de liberación.
En cuanto a películas y series de ficción: Mr. Jones, Biutiful,
La fiera de mi niña, Las horas, Homeland. Que se le acercan, aunque se
encaminan más hacia la depresión o el trastorno límite de personalidad: Nación
Prozac e Inocencia interrumpida.
En cuanto a artistas que padecieron el trastorno o que aún lo
padecen:
Stephen Fry, Sinead
O’Connor, Axl Rose, Jimmy Hendrix, Sting, Jim Carrey, Catherine Zeta-Jones, Mel
Gibson, Ben Stiller, Carrie Fisher, Linda Hamilton, Robert Downey Junior, Piotr Tchaikovsky, Cary Grant, Virginia Woolf, Edgar
Allan Poe, Vincent Van Gogh, Sylvia
Plath, Herman Hesse, Anne Sexton,
Friedrich Nietzsche, David Foster Wallace. A valorar el
índice de suicidios en esta lista, destacados en negrita, o muerte en extrañas
circunstancias, destacados en cursiva. Por lo que es muy importante el
diagnóstico y tratamiento tempranos.
CÓMO VIVIR CON EL TRASTORNO BIPOLAR
Este galardonado documental de Stephen Fry:
Entrevista a Carrie Fischer como presentación de la última
película de Star Wars.









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