Cuatro espejitos de Emily Roberts:
Cuando todas las bestias querían destrozarse, nosotros sólo queríamos un
lugar donde vivir. La ciudad eran las luces, el humo, la casa nueva, los trenes
de vuelta, el Media Distancia. Domesticábamos las cucarachas. Domesticábamos la
suciedad. Nadie soñaba con quedarse, excepto yo.
Nuestro hogar fue el cisma.
Imagina morir si lo dices en voz alta.
Me asomé al lago y vi tu reflejo, borrado por los
peces. Cuánto limo y cuántos peces; al menos ya estamos cerca; al menos ya la
orilla. ¿Y si quisiera saltar? ¿Y si quisiera de pronto volver?
Y luego las islas desaparecieron en el lago, y luego fui isla, y quería ser lago.
Pudo ser que me encontrases allí.
Y luego las islas desaparecieron en el lago, y luego fui isla, y quería ser lago.
Pudo ser que me encontrases allí.
Para soñar contigo tuve que enterrarte
En el sueño, tu muerte parecía un diluvio
No podía salvarte, aunque lo intentase
Tú ya habías elegido el agua
Alguien muere para decirnos que estamos vivos.
Alguien espera para que lleguemos a tiempo. Alguien duele para que la herida se
limpie. Alguien masca para que la herida se cierre. Alguien querría creernos.
Alguien querría escapar. Alguien querría
alimentarse de nuestros despojos, sin darse cuenta de que lo que sobra queda en
nosotros. Somos nosotros. Es tan fácil convertir el amor en cadáver. Tan
fácil conservar sus ojos, sus manos, sus labios, para ver tocar probar el mundo
que nos rodea. Y que entonces no sepa nada. Y que sólo sepa a ti.
Johnson Tsang




No hay comentarios:
Publicar un comentario