La apariencia, la presión mediática y los estragos en los niños actores
Sobre el protagonista
de la primera película de "La historia interminable", Barret Oliver, cabe decir que, como muchos otros niños
actores, no pasó la prueba de la pubertad. Dado que yo tampoco, me identifico
con él en cuanto a la debacle que supone un cambio de rol tan acusado: de ser
una persona valorada sin pedir demasiado a cambio, a necesitar demostrar su
valía más allá de las convenciones físicas. Sobre todo, el problema aparece
cuando la transformación es muy veloz y la gente tarda en acostumbrarse a verte
de otra manera. Ser mujer acentúa el problema, sólo que aprendes a llevarlo a
tu terreno.
Barret
Oliver en Cocoon: Barret
Oliver en la adolescencia:
Un fantástico actor, con una expresividad única, que no he vuelto a encontrar en esos niños elegidos a golpe de pincel, apartado de Hollywood por patrones estúpidos. Me
encanta su transformación actual, pasando de todo y de todos, es fotógrafo en “Los
Ángeles”, dedicado, precisamente, a la imagen, ¿quién lo iba a decir?:
El camino
hacia la propia aceptación es largo y confuso, está influido por la opinión de
los demás, por los ideales estéticos y por las propias inseguridades. Algunos
te ponen en un ranking, como si esto fuera una especie de competición, pero lo
cierto es que, en todos los casos, se reduce a la persona a una carcasa de sí
misma. Yo veo a Barret en la adultez capaz de cualquier cosa, un verdadero
Bastian que podría rescatar de veras a la emperatriz infantil.
Los hay
con suerte, dicen los medios. Ahí tenemos a una encantadora Emma Watson en su
apogeo, e incluso, las hay que, una vez habiéndose hundido, han resurgido de
nuevo, como Drew Barrymore. Los hay que han tenido mayor fama de mayores que de
pequeños (Ethan Hawke), incluso a pesar de cierto deterioro físico, como es el
caso de Sean Austin, el encantador Samsagaz Gamyi. Y nada de eso se reduce a la
imagen, sino a la creación de personajes, a la superación de las limitaciones,
y a la capacidad empática con el espectador. A ver cuándo Hollywood se da
cuenta. Tarantino, por ejemplo, siempre reivindicado como defensor del papel
activo de la mujer en sus películas (cosa que no voy a negar), mantiene los
cánones de belleza al extremo; sólo dos de ellas podrían escaparse, y no del
todo. Son dibujos de cómic perfectos.
Ethan Hawke junto al malogrado River Phoeniz en "Exploradores"
Cuando
eres mujer, se añaden otras particularidades. Se es mucho más cruel porque sólo
existes en función de tu físico. Entonces no te queda otra que fabricarte un yo
aparte de la aceptación de la tribu. No te obsesionas tanto con los pequeños
detalles de la belleza femenina, aunque no los olvidas nunca, es imposible, el
bombardeo es constante, pero te abstraes y accedes a un mundo nuevo. De
repente, ya no pierdes el 80% de tu tiempo en ser la más bonita, no caes en
eso. A otras mujeres esto les cuesta toda la adolescencia y las hay que no se
recuperan. La pega, que no aprendes a tratar con los chicos, y te falta
experiencia. Ahora se ha puesto de moda querer romper la tiranía de la estética
sobre las mujeres con gestos banales como no depilarse las axilas. Qué soberana
estupidez. Eso se lleva por dentro. Las hay que optan por la cirugía, como
Jennifer Grey, volviéndose irreconocible. Las hay más valientes y se oponen a
la cirugía estética, como Kate Winslet o Emma Thompson (Sentido y
sensibilidad):
La
verdadera lucha supone conseguir ver a la mujer más allá de su físico y
apreciar su cuerpo a pesar de sus imperfecciones por la mezcla de su
idiosincrasia y su personalidad, tal y como sucede en el hombre. No tiene que
ver con los genes, sino con la cultura. Cuando su obra eclipse su vestuario,
cuando podamos ponernos en la piel de una mujer en las mismas circunstancias
que el solitario de la película “No estoy hecho para ser amado”, o una más
conocida, “Mejor…imposible”, donde la pareja femenina tenía que ser unas
décadas más joven que el hombre para ser aceptada, para cumplir con los cánones
hollywoodienses.
Afortunadamente,
existen muchos ejemplos de actrices que han triunfado más allá de su físico, o
no siendo éste el primer criterio, como Laia Marull, Rafaela Aparicio, Verónica
Forqué, Carmen Maura, Mercedes Sampietro, Emma Vilarasau, Lola Dueñas, Charo
López, Maribel Verdú, Lola Herrero, Amparo Baró, Emma Penella, María Galiana,
Marisa Paredes, Carmen Elías, Chus Lampreave, Elvira Mínguez, Amparo Rivelles,
María Isbert. En el ámbito internacional, Lena Heady, Sarah Polley, Geraldine
Chaplin, Katherine Hepburn, Helen Mirren, Judi Dench, Sissy Spaceck, Jodie
Foster, Susan Sarandon, Bette Midler, Kathy Bates, Glenn Close, Sigourney
Weaver, Diane Keaton, Sally Field, Barbra Streisand, Anne Bancroft, Maggie
Smith, Anna Magnani…y tantas que me dejo, que pasan al olvido por no salir en
ningún calendario conmemorativo. La fuerza de estas mujeres en escena, sin
embargo, son experiencias que se graban para siempre en la memoria.
Laia Marull Sigourney Weaver Anne Bancroft
Los casos
de niños olvidados después de alcanzar la fama son especialmente dramáticos,
porque el cambio se da en un momento en el que les faltan recursos psicológicos
para entenderlos, junto con la presión que ejerce la prensa sobre ellos.
Ojalá
algún día también las películas con mayor tirada ofrezcan humanidad masculina y
femenina y comencemos a valorar lo que nos rodea, la belleza en carne y hueso.









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