lunes, 26 de octubre de 2015



La apariencia, la presión mediática y los estragos en los niños actores

Sobre el protagonista de la primera película de "La historia interminable", Barret Oliver, cabe decir que, como muchos otros niños actores, no pasó la prueba de la pubertad. Dado que yo tampoco, me identifico con él en cuanto a la debacle que supone un cambio de rol tan acusado: de ser una persona valorada sin pedir demasiado a cambio, a necesitar demostrar su valía más allá de las convenciones físicas. Sobre todo, el problema aparece cuando la transformación es muy veloz y la gente tarda en acostumbrarse a verte de otra manera. Ser mujer acentúa el problema, sólo que aprendes a llevarlo a tu terreno.
              
      Barret Oliver en Cocoon:                             Barret Oliver en la adolescencia:
 
                       
                    

Un fantástico actor, con una expresividad única, que no he vuelto a encontrar en esos niños elegidos a golpe de pincel, apartado de Hollywood por patrones estúpidos. Me encanta su transformación actual, pasando de todo y de todos, es fotógrafo en “Los Ángeles”, dedicado, precisamente, a la imagen, ¿quién lo iba a decir?:




El camino hacia la propia aceptación es largo y confuso, está influido por la opinión de los demás, por los ideales estéticos y por las propias inseguridades. Algunos te ponen en un ranking, como si esto fuera una especie de competición, pero lo cierto es que, en todos los casos, se reduce a la persona a una carcasa de sí misma. Yo veo a Barret en la adultez capaz de cualquier cosa, un verdadero Bastian que podría rescatar de veras a la emperatriz infantil.
Los hay con suerte, dicen los medios. Ahí tenemos a una encantadora Emma Watson en su apogeo, e incluso, las hay que, una vez habiéndose hundido, han resurgido de nuevo, como Drew Barrymore. Los hay que han tenido mayor fama de mayores que de pequeños (Ethan Hawke), incluso a pesar de cierto deterioro físico, como es el caso de Sean Austin, el encantador Samsagaz Gamyi. Y nada de eso se reduce a la imagen, sino a la creación de personajes, a la superación de las limitaciones, y a la capacidad empática con el espectador. A ver cuándo Hollywood se da cuenta. Tarantino, por ejemplo, siempre reivindicado como defensor del papel activo de la mujer en sus películas (cosa que no voy a negar), mantiene los cánones de belleza al extremo; sólo dos de ellas podrían escaparse, y no del todo. Son dibujos de cómic perfectos.
  

                                                    

Ethan Hawke junto al malogrado River Phoeniz en "Exploradores"

Cuando eres mujer, se añaden otras particularidades. Se es mucho más cruel porque sólo existes en función de tu físico. Entonces no te queda otra que fabricarte un yo aparte de la aceptación de la tribu. No te obsesionas tanto con los pequeños detalles de la belleza femenina, aunque no los olvidas nunca, es imposible, el bombardeo es constante, pero te abstraes y accedes a un mundo nuevo. De repente, ya no pierdes el 80% de tu tiempo en ser la más bonita, no caes en eso. A otras mujeres esto les cuesta toda la adolescencia y las hay que no se recuperan. La pega, que no aprendes a tratar con los chicos, y te falta experiencia. Ahora se ha puesto de moda querer romper la tiranía de la estética sobre las mujeres con gestos banales como no depilarse las axilas. Qué soberana estupidez. Eso se lleva por dentro. Las hay que optan por la cirugía, como Jennifer Grey, volviéndose irreconocible. Las hay más valientes y se oponen a la cirugía estética, como Kate Winslet o Emma Thompson (Sentido y sensibilidad):
   

     





La verdadera lucha supone conseguir ver a la mujer más allá de su físico y apreciar su cuerpo a pesar de sus imperfecciones por la mezcla de su idiosincrasia y su personalidad, tal y como sucede en el hombre. No tiene que ver con los genes, sino con la cultura. Cuando su obra eclipse su vestuario, cuando podamos ponernos en la piel de una mujer en las mismas circunstancias que el solitario de la película “No estoy hecho para ser amado”, o una más conocida, “Mejor…imposible”, donde la pareja femenina tenía que ser unas décadas más joven que el hombre para ser aceptada, para cumplir con los cánones hollywoodienses.

                

Afortunadamente, existen muchos ejemplos de actrices que han triunfado más allá de su físico, o no siendo éste el primer criterio, como Laia Marull, Rafaela Aparicio, Verónica Forqué, Carmen Maura, Mercedes Sampietro, Emma Vilarasau, Lola Dueñas, Charo López, Maribel Verdú, Lola Herrero, Amparo Baró, Emma Penella, María Galiana, Marisa Paredes, Carmen Elías, Chus Lampreave, Elvira Mínguez, Amparo Rivelles, María Isbert. En el ámbito internacional, Lena Heady, Sarah Polley, Geraldine Chaplin, Katherine Hepburn, Helen Mirren, Judi Dench, Sissy Spaceck, Jodie Foster, Susan Sarandon, Bette Midler, Kathy Bates, Glenn Close, Sigourney Weaver, Diane Keaton, Sally Field, Barbra Streisand, Anne Bancroft, Maggie Smith, Anna Magnani…y tantas que me dejo, que pasan al olvido por no salir en ningún calendario conmemorativo. La fuerza de estas mujeres en escena, sin embargo, son experiencias que se graban para siempre en la memoria.


                

       Laia Marull                              Sigourney Weaver                              Anne Bancroft


Los casos de niños olvidados después de alcanzar la fama son especialmente dramáticos, porque el cambio se da en un momento en el que les faltan recursos psicológicos para entenderlos, junto con la presión que ejerce la prensa sobre ellos. 


Ojalá algún día también las películas con mayor tirada ofrezcan humanidad masculina y femenina y comencemos a valorar lo que nos rodea, la belleza en carne y hueso.

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