TEXTOS DE TRES GRANDES ESCRITORES ESPAÑOLES
R. J. Sender (fragmento de "La esfera")
Estamos
rodeados de filtros que atenúan la impresión de todo lo que nos llega de fuera.
Los ojos no son para ver, sino sobre todo para no ser deslumbrados por los
rayos demasiado poderosos. La física ha demostrado que sólo vemos el dieciséis
por ciento de lo que podríamos ver. Los oídos no son sólo para oír, sino
especialmente para librarnos del caos de las grandes vibraciones. De todas
partes llegan a nosotros rayos luminosos por encima del violeta y por debajo
del rojo, que el filtro de nuestras pupilas rechaza. De todas partes llegan
ruidos enormes que no oímos porque el tímpano nos defiende contra ellos. Esos
filtros que actúan en todas las formas de nuestra sensibilidad nos protegen
constantemente contra el ataque de la luz, el sonido, las formas. Pero el mayor
de esos filtros es la inteligencia. La tenemos no para comprender, sino sobre
todo para “no comprender demasiado”. ¿Qué horribles o inefables verdades acuden
a nuestra inteligencia y “quedan fuera”? ¿Contra qué revelaciones o evidencias
nos defiende la inteligencia? ¿Y cuál será el peligro de esas evidencias? Pero
lo cierto es que esas verdades llegan a nosotros como llega la luz deseando ser
asimilada, comprendida.
Max Aub, "El olor"
Ese olor. Ese olor que me acongoja, ese olor que me sigue, ese olor que me persigue. Ese olor...
Lo vi, estaba allí: quieto, repugnante, alrededor de la cosa. Podrido. De un salto se me agarró desesperadamente, y, ahora, por más que hago, no hallo manera de deshacerme de él. Me lavo, me restrego, me hundo en el agua, ando bajo la lluvia, en el mar. Me alejo. —Ya lo perdí. Sonrío: —Ya lo engañé. Me desespero: —Pude con él.
Y ahí vuelve, solapado, leve, lento, tenue, hediondo, persistente, quieto, fijo, horrible.
—¿Usted no sabe cómo podría deshacerme de él? Me persigue. Me estoy quieto sin respirar. Atento, mirando, convenciéndome de que se va, de que se fue. Pero no. Está ahí, aguardándome taimado. ¿De dónde?
Cambio de ropa. Hago las más diversas abluciones; me perfumo. Yo, ¡que no me perfumo nunca! Vuelve el tufo, peste ligera, no por ello menos peste. Me persigue, le aseguro que me persigue. Mugre lenta, despaciosa, socarrona. De connivencia, ¿con quién?, ¿con qué?, ¿qué me quiere?, ¿por qué me sigue?, ¿qué engaño?, ¿qué astucia?
Me escondo tras la primera esquina, espero. Sé que me busca. Pasa de largo, me pierde. Respiro.
Pero está ahí, por lo bajo disimulado, a lo zaíno. Callado. ¡Oh, si gritara!
Me envuelve, penetra sinuoso, espía, me acaba.
¿Qué es un mal olor? Nada. ¿Quién se fija? Un tufo. Un hedor. ¡A quién le importa! ¿A quién le digo que me atosiga? Creerán que no sé lo que digo. ¡Sí! ¡Sí!
Pero ahí está esta basura mugrienta. Nada me libra. ¡Si tuviese color!
Lo tiene. Es rojo, rojo pardo, rojo sucio, rojo verde, rojo oscuro, rojo negro, rojo, rojo corrupto, rojo carroñoso, rojo basura, rojo fétido, rojo mugre, rojo sinuoso, rojo disimulado, ¡ahí!, en mi pecho, subiendo por la garganta, saltando por encima de la boca, metiéndose por las alas de la nariz, revolcándose con el moco, llenándome todo.
¡Llevadlo! ¡Llevadme! ¡Ese olor, ese olor muerto! ¡Ese olor de muerte! ¡Ese olor putrefacto, que me carcome! Ese olor vivo de la muerte.
Miguel de Unamuno, de "El sentimiento trágico de la vida"
Lo que va a seguir no me ha salido de la razón, sino
de la vida, aunque para transmitíroslo tengo en cierto modo que racionalizarlo.
Lo más de ello no puede reducirse a teoría o sistema lógico, pero como Walt
Whitman, el enorme poeta yanqui, os encargo que no se funde escuela o teoría
sobre mí. «I charge that there be no theory or school founded
out of me». (MYSELF AND MINE.)
Ni son las fantasías que han de seguir mías, ¡no! Son
también de otros hombres, no precisamente de otros pensadores, que me han
precedido en este valle de lágrimas y han sacado fuera su vida y la han expresado.
Su vida, digo, y no su pensamiento sino en cuanto era pensamiento de vida;
pensamiento a base irracional.
¿Quiere esto decir que cuanto vamos a ver, los
esfuerzos de lo irracional por expresarse, carece de toda racionalidad, - de
todo valor objetivo? No; lo absoluto, lo irrevocablemente irracional e
inexpresable, es intransmitible. Pero lo contrarracional, no. Acaso no hay modo
de racionalizar lo irracional; pero lo hay de racionalizar lo contrarracional y
es tratando de exponerlo. Como sólo es inteligible, de veras inteligible, lo
racional; como lo absurdo está condenado, careciendo como carece de sentido, a
ser intransmitible, veréis que cuando algo que parece irracional o absurdo
logra uno expresarlo y que se lo entiendan, se resuelve en algo racional
siempre, aunque sea en la negación de lo que se afirma.
Los más locos ensueños de la fantasía tienen algún
fondo de razón, y quién sabe si todo cuanto puede imaginarse un hombre no ha
sucedido, sucede o sucederá alguna vez en uno o en otro mundo. Las combinaciones
posibles son acaso infinitas. Sólo falta saber si todo lo imaginable es
posible.



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