Horacio Castillo
Después de la lluvia
Cuando volvimos, las nubes no se habían detenido,
los pájaros no derramaban lágrimas ni se estrellaban contra los árboles,
el pueblo no se escondía detrás de las ventanas
ni se tapaba la boca por horror. El mundo seguía indemne a la lluvia.
Lo sabíamos, nada había cambiado.
Lo sentimos en las manos de la casa aferrada a la tierra,
en el olor de la ropa guardada, en los papeles arriba de la mesa,
éramos nosotros, con la mirada cambiada
y el espanto clavado en los ojos.
Winslow Homer
Hojas de piedra
Los rostros de mi padre se caen a pedazos,
caen como hojas de piedra hacia la tierra negra,
hacia la ciénaga inmóvil del tiempo,
y allí, en la desolación, se hunden bajo la bruma,
se hunden y ahí se quedarán,
como peces curvados quietos,
como peces de ceniza.
Wolfram Schubert
Silencio
Ahora está de pie en la cocina cortando unos tomates,
hay perfume de orégano y se escucha el sonido del agua fresca de la canilla.
El sol entra por la ventana, despacio
y se desliza a través de las frutas y verduras
como buscando el centro exacto de este presente.
Entonces ella dijo: a él le gustaba la albahaca,
luego corrió la cortina de la ventana y la cocina quedó a media luz.
Se quedó mirando hacia ninguna parte
y es probable que el sol se haya detenido en algún lugar.
¿Dónde estás? -le pregunté-
Allá –dijo-
¿Y cómo es allá?
Tardé
mucho tiempo en comprender ese silencio
pero en sus ojos se advertía una fina lámina de tristeza.
pero en sus ojos se advertía una fina lámina de tristeza.
Cézanne




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